jueves, 26 de marzo de 2015

Pedro Sánchez protege a Aznar




Dos días después de cantar las alabanzas de la renovación del PSOE, tras la aceituneramente altiva victoria de Susana Díaz en Andalucía, vaPedro Sánchez y apoya al PP vetando que la Comisión de Exteriores del Congreso vote hoy la reprobación de José María Aznar por sus negocios con el dictador libio Muamar El Gadafi. Yo creo que la cúpula del PSOE es la única neurona española que se ha creído eso de que el PP es como Cáritas a efectos humanitarios.

Según desveló eldiario.es en octubre del año pasado, Aznar actuó como mediador de Abengoa ante Gadafi para que la empresa española consiguiera la concesión de unas desaladoras en Libia. Un acuerdo entre caballeros. Para las cuestiones vulgares como copias de contratos y tal, Aznar comisionó a un tal Pablo Casado.

Resulta que este anónimo señor cobraba entonces del Ministerio de Presidencia como asesor de la oficina del ex presidente Aznar, y por lo tanto se colige que aquí hemos topado con un delito parecido a la atrocidad cometida por Íñigo Errejón: Aznar y Casado también se olvidaron de solicitar el papelito para negociar desde el Ministerio de Presidencia un contrato privado con un gobierno extranjero y, quizá, dictatorial, bigotudo y hostil.

Las previsiones de Aznar pasaban por cobrar el 1% en comisiones por concesiones de hasta 250 millones de euros, pero la caída de Gadafi abortó la acción humanitaria de nuestro ex presidente, que se tuvo que conformar con los 100.000 euros que le dio Abengoa de adelanto.

Ahora el PSOE de Pedro Sánchez no cree que merezca reprobación este extraño negociete del patriota español más corajudo desde Don Pelayo. Alegan los socialistas que la propuesta de reprobación elevada por Izquierda Plural pide un imposible: no se puede aplicar contra alguien que ya no forma parte del Gobierno. Vale burocracia como animal de compañía. Pero, para que ahora nos creamos que el PSOE no es cómplice de ciertos silencios, vamos a ver si la rosa parlamentaria solicita una comisión de investigación o que se profundice en este asunto por cualquier otro medio. Yo necesito que mis representantes democráticos me expliquen si el affaire de Aznar y Gadafi era legal, o ético, o magmático, o angélico, o metafísico, o qué. Lo que no parece es muy normalito.

Conociendo en pintura a Pedro Sánchez, supongo que acalla el asunto en virtud de insondables intereses de Estado. O sea, por España. Darle más pábulo a los presuntos negocietes de nuestro ex mandatario con dictadores asesinados, daña la marca España. No es para menos, amigo Pedro. Es terrible el destino de un hombre que pasó de poner los pies en la mesa de Bush a mendigar contratos públicos al sátrapa de Gadafi. Ascensión y caída de un gran presidente español, titularía la prensa internacional jodiéndonos el turismo y privándonos delbalconing, que ya estaba remplazando a los toros como fiesta nacional.

Resumiendo. Que nuestros ex presidentes trabajan de comerciales, a comisión de las grandes corporaciones, intentando vender sus productos puerta a puerta en las mansiones de los dictadores, como las vendedoras de Avón, y eso no es reprobable. Por lo menos lo deberían de tildar de antiestético.

El PSOE y el PP se guardan tantos silencios, tantos secretos compartidos, tantas traiciones veladas, que son como esos matrimonios a los que mantiene eternamente unidos el odio mutuo: se tienen que soportar entre sí, porque ya no los soporta nadie más.

Aníbal Malvar es periodista y escritor. Su última novela es "La balada de los miserables" (Akal, 2012) 



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