domingo, 5 de abril de 2015

“Vuelva usted, señor González”

La fragmentación del voto aterra a los empresarios, que han recurrido a Felipe González para que actúe de 'hombre bueno' con vistas a un pacto entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez



Ahora que Felipe González ha abandonado el aburrido materialismo dialéctico de Gas Natural para sacudirse el polvo de las sandalias defendiendo a los disidentes que luchan en Venezuela contra Nicolás Maduro, algunos empresarios de postín han decidido saltar también al ruedo de la política para persuadir al presidente Rajoy sobre la conveniencia de explorar, por enésima vez, un singular pacto de Estado que consolide los esfuerzos de recuperación en España. Al PSOE le asusta Podemos en la misma medida que al PP le aterra Ciudadanos, pero en el mundo de los negocios, siempre tan pragmático, lo que causa estragos es la fenomenal e inexorable fragmentación del voto que amenaza las elecciones generales de otoño. Un problema que solo tiene remedio si los dos grandes partidos del arco parlamentario cierran filas con una entente cordiale que certifique a priori la gobernabilidad del país.
Desde la atalaya de las grandes sociedades cotizadas, la gran coaliciónadquiere su puesta en valor como un simple intento y podría funcionar en forma de elemento de disuasión para el que únicamente se requiere el liderazgo de políticos prudentes capaces de proclamar la convivencia dentro de un gobierno mancomunado. La adaptación a la crisis ha convertido a España en un modelo de pulcritud que ha permitido limpiar la imagen de marca en el escenario económico internacional. El siguiente capítulo consiste en repetir el desafío en el terreno político para mostrar al mundo mundial cómo se las gastan los españoles cuando la camisa ya no les llega al cuello. Tras la intensa y doliente estrategia de ajustes aplicada del Rey abajo, ninguna otra reforma pendiente es más prioritaria que la de unos padres de la patria obligados a soltarse el pelo de la dehesa de una autoridad alérgica a cualquier tipo de oposición.
Felipe González trata de persuadir a Pedro Sánchez para que los socialistas salgan de dudas y comprendan que 'Podemos no significa poder'
Lo que se plantea es un recorte de poder a partir de una renuncia tan explícita y estructural como la que han tenido que asumir todos los ciudadanos en su calidad de vida. La invocación es un grito de socorro equivalente al que tuvo que escuchar el presidente del Gobierno hace tres años cuando los grandes prebostes arremetían en demanda de un rescate soberano a manos de nuestros socios comunitarios. Salvo que esta vez el propósito es menos egoísta y el Partido Popular se ha movilizado con un gesto de contrición que, al margen de su eficacia ulterior, pone de relieve el talante de apaciguamiento que se pretende imponer en materia económica si el resultado de las urnas otorga una mínima estabilidad política en los próximos cuatro años.

El Estado de Bienestar no se toca

No se trata de pactar para la posteridad con un retrato familiar que encuadre a lo más granado del arco parlamentario, sino de identificar las bases del modelo de gestión y administración de los fondos públicos en una sociedad exangüe después de tres años de castigo permanente. Con una renta media que a duras penas alcanza los 23.000 euros, los mensajeros oficiales han empezado a endulzar el relato de lo que algunos críticos consideran un programa de corte socialdemócrata de derechas, válido para zurcir los rotos que dejó Zapateropero también los descosidos que todavía le quedan por remendar a Rajoy. Todo ello como blindaje de un Estado de Bienestar que ha de actuar como una especie de fuero vitalicio de los españoles. Sanidad, educación, pensiones y prestaciones por desempleo no se tocan y, es más, deben servir como amortiguador estructural del programa de austeridad que a partir de ahora estará dirigido a reducir la deuda externa del país.

Felipe González, Juan Carlos I y Mariano Rajoy. (EFE)Felipe González, Juan Carlos I y Mariano Rajoy. (EFE)

Las primeras cartas credenciales de la nueva estrategia política están siendo presentadas por el zar económico de La Moncloa, Álvaro Nadal, en reuniones privadas con los grandes empresarios deseosos de escuchar la buena nueva. El hombre con mayor potencial y ambición para asumir la cartera de Luis de Guindos no es de los que se andan por las ramas cuando tiene que exponer las recetas del Gobierno y cuenta también con experiencia probada de negociación al otro lado de la trinchera socialista. No en vano, el asesor de Rajoy fue junto a la actual ministra de Empleo, Fátima Báñez, el interlocutor de la oposiciónpopular en las discusiones con el equipo capitaneado por Pedro Solbes para buscar las primeras salidas de emergencia a la crisis bancaria en 2009. Posteriormente, su papel resultó también decisivo en el pacto exprés que consagró la estabilidad fiscal y el techo de déficit en la reforma constitucional de agosto de 2011.
El Gobierno tenderá la mano al PSOE en los próximos Presupuestos con 'una política socialdemócrata de derechas' que asegure la gobernabilidad del país
La definición programática de las líneas maestras que han de configurar la oferta de consenso serán redactadas con meridiana nitidez en el proyecto de Presupuestos para 2016, una ley que puede resultar nonata dados los imponderables del calendario electoral pero que al mismo tiempo es esencial para comprobar la reacción del PSOE ante la mano tendida de su acérrimo rival. El PP va a dejar caer el guante en un claro desafío para esa nueva dirección socialista de Pedro Sánchez que todavía no tiene del todo claro si el Pablo Iglesias de rizada coleta es compatible con el barbado del busto que se venera en la sede de Ferraz. En medio de la gran duda shakesperiana es donde emerge la figura estelar de Felipe González para avivar el seso, despertar la conciencia dormida y recordar al actual secretario general de su partido que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Reuniones en el dulce hogar de Velázquez

En las últimas semanas, el joven líder del PSOE ha sido visto en distintas ocasiones por las inmediaciones del domicilio particular que habita su nuevo mentor en los primeros números de la madrileña calle Velázquez. González prefiere la intimidad de su más dulce hogar para exhortar a su invitado sobre la necesidad de alejar cualquier pensamiento confuso que altere la esencia de un grupo político con verdaderas aspiraciones de poder. Manejar el aparato del Estado no es una cuestión voluntarista que se pueda resolver canalizando el resentimiento de los votantes o apelando a un proyecto de marketing con mucho envoltorio y poco contenido. La situación de España requiere una segunda mano de pintura que consolide la recuperación sobre las bases construidas con el esfuerzo de los contribuyentes y el debate no puede circunscribirse a una lucha intestina entre la casta y la caspa que termine por arruinar a los ciudadanos.
Veinte años después del ‘váyase señor González’ que compuso Aznar como expresión de repulsa son ahora los propios empresarios encumbrados por el PP los que han decidido expedir el billete de vuelta para restaurar un segundofelipismo de ocasión. Los dirigentes de las grandes corporaciones buscan, sobre todo, una bisagra que actúe como placebo preventivo para calmar a los inversores que observan circunspectos el drama de una economía que ha estado nadando toda la noche contra la crisis y amenaza ahora con terminar ahogándose en la madrugada de la recuperación. No se trata tanto de invocar la quimera de una alianza imposible, sino más bien y cuando menos de evitar posicionamientos contrarios que perviertan el clima de confianza otorgado a España en los mercados internacionales. El juego de las percepciones se impone a cualquier realidad eventual dentro de la batalla psicológica que genera la tensión electoral de un año en el que vivimos peligrosamente. Rajoy y el PP han empezado a entonar las primeras notas del canto de sirena. Esperemos que la rogativa no acabe en un coro de plañideras.

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