domingo, 6 de septiembre de 2015

CORONEL MARTÍNEZ INGLÉS: FELIPE VI Y RAJOY PODRÍAN SER ACUSADOS DE ALTA TRAICIÓN

Pues sí, sí, amigos, tanto el actual rey de España, Felipe de Borbón, como el todavía presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, las dos más altas magistraturas de la nación española, podrían ser acusados, caso de producirse finalmente la secesión de Cataluña del resto de España, de sendos delitos de alta traición.



      O de lesa patria. Así, como suena. Sin aspavientos ni alharacas de ninguna clase. Presuntos delitos que en el marco de excepción o sitio en el que presumiblemente puede introducirse este país tras la posible (y hasta probable) publicación de una resolución en tal sentido del Parlamento catalán (como figura en le hoja de ruta por la que se rige el president Mas y sus socios) podría abrirles en el futuro un preocupante horizonte judicial. Con severísimas penas de cárcel, o sabe Dios, si el Estado español se decantara, tras el impacto del histórico desideratum político catalán, por un estado de emergencia total con un Gobierno de autoridad (concentración o salvación nacional) que se viera obligado a gestionar semejante desafío metiendo en vereda a esta arruinada nación de las Autonomías/taifas fracasadas, la corrupción, el pelotazo, los recortes, la pobreza general y energética y el caos social. Tremenda acusación penal ésta de “alta traición a la nación española” que, en el escenario nada deseable que acabo de señalar, podría extenderse a sus predecesores en tan altos puestos de responsabilidad política: el ex monarca Juan Carlos I y el ex presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, acompañados por todos los componentes del actual Gobierno y del anterior.



         ¿Y sobre la base de que actuaciones (más bien de falta de ellas) podría sustanciarse tamaña acusación de presunta lesa patria o alta traición contra todos estos gerifaltes de la política española (encabezados, por supuesto, por Felipe y Rajoy) que durante décadas, pero muy especialmente en el último lustro, han asfaltado la autopista por la que el president Mas y sus muchachos transitan ahora "a carajo sacao" hacia la segregación unilateral de Cataluña del resto de España? Pues no hace falta, amigos, ser un lince del derecho ni un historiador avezado (en la historia de España, si bien echando mano de otras denominaciones penales, ya ha habido precedentes en este sentido) ni un politólogo de postín ni, mucho menos, un alto cargo de las Fuerzas Armadas con mando en plaza y con un mandamiento constitucional genérico pero explícito (artículo 8.1 de la Carta Magna española de 1978) al respecto, para vislumbrar por donde podrían ir los tiros (de la acusación, se entiende, no de los otros).



         Pues esos tiros pueden ir (y el que esto escribe está seguro de que irán si el gravísimo escenario político que se dibuja en estos momentos en el horizonte nacional y que preocupa a muchos millones de españoles en general y a alguna institución en particular se concreta definitivamente) en forma de gravísimas acusaciones por la omisión flagrante de sus obligaciones en orden a mantener la integridad y la soberanía de la nación española. Que debieron ocupar, y de hecho ocupaban y ocupan, el norte de todas y cada una de las actuaciones de cualquier cargo público pero, en especial, de aquellos que han ostentado durante largos períodos de tiempo los más altos puestos del organigrama nacional. 



         No soy adivino ni quiero alarmar a nadie y solo estoy poniendo negro sobre blanco una de las variadas hipótesis que mi psique de estratega militar, con amplia experiencia en planificar soluciones más o menos coherentes ante escenarios complejos y de amplia peligrosidad, baraja estos preocupantes días previos al desafío centrífugo catalán. Pero a nadie en este país con dos dedos de frente se le puede escapar que la situación actual, por mucho que el monicaco gallego y tancredo político que en estos momentos dirige el Gobierno de la nación de forma totalmente estúpida y caciquil se afane en tranquilizarnos con ridículos mensajes de que en el próximo año (o sea cuando él ya no esté en el Ejecutivo) todos los perros españoles irán atados con longanizas, es francamente endemoniada y lo mismo puede desembocar en un monumental botellón con multitudinaria sardana bailada por millones de españoles en la plaza de Colón de Madrid que en un totum revolutum nacional/taifal con millones de españoles (catalanes incluidos) corriendo nuevamente la pólvora del despropósito por los campos, calles y plazas de la geografía nacional.



         Si finalmente se produce la tan cacareada resolución de independencia unilateral de Cataluña por parte del Parlament (todo evidentemente depende del resultado del 27-S), al Gobierno de la nación al que le toque semejante gordo de la historia nacional no le quedará más remedio que dimitir de inmediato (a situaciones excepcionales, decisiones excepcionales) dando paso a un Ejecutivo de concentración o salvación nacional que aborde la ardua misión de resolver rápida y efectivamente la gravísima situación creada. Gobierno que debería estar formado, además de por políticos de intachable conducta y amplio currículum procedentes de todo el arco parlamentario español, por personalidades de reconocido prestigio y capacidad de gestión provenientes de extramuros de la política.  Dirigidos todos ellos por un presidente capaz y con experiencia elegido con amplio consenso. Y que a las cualidades personales que acabo de citar sume una absolutamente necesaria en tan difícil circunstancia nacional: la autoridad.



         Echando mano de una feliz frase que corrió como la pólvora por los mentideros políticos del comienzo de la  transición, allá por los años setenta del pasado siglo, y que rezaba así: “Si no lo hacemos nosotros nos lo harán otros”creo que ha llegado el momento de que los políticos de este país (corruptos o no) se pongan las pilas y solucionen cuanto antes la grave crisis política en la que se debate España en estos momentos. No queda mucho tiempo para el debate de los galgos y los podencos en el que están inmersos. Al cacique Rajoy, bunquerizado en La Moncloa desde que subió al poder en diciembre de 2011con su particular mantra de la recuperación que repite como un poseso con aires de salvador nacional y que ha reducido a cero durante cuatro años una muy necesaria estrategia política que hubiera desactivado a través de la negociación y el consenso el actual polvorín catalán, se le ha pasado ya el arroz y con el final de la legislatura a dos meses vista y su nada probable reelección como presidente del Gobierno, aparece ya como un pato cojo político que nos va a dejar a todos los españoles, y en especial a los desgraciados dirigentes que hereden su poltrona envenenada, un marrón de armas tomar (es un decir), un endiablado nudo gordiano que va a costar dios y ayuda resolver. Pero, como digo, el tiempo apremia, ya no da más de sí y ha llegado la hora de los negociadores, de los estadistas, de los políticos de raza, de los hombres preclaros que atisban el peligro y buscan soluciones a la debacle antes de que esta se produzca… Porque si no, como reza la sentencia política de la transición que acabo de recobrar del olvido, “vendrán otros que nos lo harán”. Y seguramente con menos delicadeza y afán de consenso porque en el fondo, amigos, está en juego nada menos que el porvenir de España como nación soberana e íntegra.



         Pero no se preocupe en demasía el personal que me lee, aunque tampoco debe tomar mis palabras a humo de pajas, porque “esos otros” que si los políticos fracasan no tendrían más remedio que intervenir y hacer lo que ellos no han sabido hacer, con toda seguridad no se van a parecer en nada a aquellos repugnantes “salvadores de la patria” que hace ya casi ochenta años sumieron a este país en la miseria, en la guerra civil y en la dictadura salvaje. No, no, en absoluto. Esta vez serán, si llegan a serlo, de talante distinto y distante, ciudadanos demócratas, respetuosos con la libertad de todos los españoles y amantes del Estado de derecho pero, también, profesionales de alta moralidad, con un elevado sentido del honor y de su responsabilidad ante la nación entera que no están (no estamos) dispuestos a que una panda de politicastros de tres al cuarto, ladrones y descerebrados, hundan a este país (que necesita, eso sí, una profunda transformación y modernización) y lo vacíen por el sumidero de la historia. Eso, amigos, no llegará jamás, porque esos ciudadanos honestos, demócratas y amantes de su patria existen y están (estamos) alertas, han jurado defender su integridad y su soberanía y muchos de ellos ya se han jugado la vida por ella repetidas veces tanto en la guerra como en la paz. Y no lo van (vamos) a consentir. Palabra de honor.



         Personalmente, el que esto escribe fue muy respetuoso con la consulta popular que en su día quiso realizar el Govern catalán y con el llamado “derecho a decidir” de su pueblo. A ningún convencido demócrata, en pleno siglo XXI, le podía sonar mal semejante música de democracia y de derecho a la libertad de expresión. Pero todo en esta vida tiene sus límites y también reiteradamente en mis escritos me mostré partidario de que los ciudadanos catalanes, en esa consulta que finalmente fue descafeinada por la intransigencia y la miopía política de Tancredo Rajoy, deberían poder expresar con total libertad su opción política de futuro aunque no fuera la de la independencia pura y dura (quedarse como están o sea con una Autonomía desarrollada al máximo; formando parte como Estado federado en una futura República Federal española o como Estado con soberanía reconocida dentro de una Confederación de naciones ibéricas). El debate del derecho a decidir y las ansias del pueblo catalán por mejorar su estatus político, económico y social no podía quedar supeditado en exclusiva a la“independencia, si o no”, al “lo tomas o lo dejas”, al “estás conmigo o con el Gobierno del cafre Rajoy y el niñato Borbón”, en el que desafortunadamente se ha embarcado el presidente Mas y sus socios. Bien es cierto, que mucha, muchísima culpa, casi el cien por cien de la culpa de todo lo que está ocurriendo en este país, del ennegrecido horizonte que en estos momentos cubre el cielo español, la tiene ese torpe político gallego con aires de dictador de vía estrecha y alma de déspota que durante cuatro años ha dirigido este país como si fuera su finca particular, utilizando su mayoría absoluta (y en base a ella la Fiscalía, la Justicia y la Guardia Civil) como una letal arma arrojadiza y negándose una y mil veces a sentarse en una mesa y negociar con arte e inteligencia el futuro de Cataluña y el de España entera.



         Pues en esas estamos, amigos. Este país está mal, muy mal, porque si no se resuelve y pronto el problema catalán en el marco de una muy deseable conjunción con el Gobierno español y de cara a un futuro de convivencia política y social dentro de un Estado descentralizado al máximo e, incluso, de formato confederal si así lo decidieran todos los ciudadanos españoles, al actual problema catalán le seguirán más pronto que tarde el vasco, el navarro, el gallego, el valenciano, el balear, el canario, el andaluz… y hasta es posible que repunte con toda su fuerza el del cantón cartagenero. Y todo ello porque en los años setenta del pasado siglo, al comienzo de la mal llamada transición, no se quiso o no se pudo resolver de una vez por todas el secular laberinto de la identidad nacional española, limitándose los sesudos señores de la política encargados de elaborar la Constitución del 78 (bien es cierto que con todo el poder fáctico del  Ejército sobre sus cabezas) a parir un bodrio constitucional, una chapuza de derechos y libertades con vistas al exterior que lo único que buscaba era la continuación del franquismo sin Franco y que ahora, 37 años después, ya no da más de sí, se cae a pedazos.



         Y es que el actual problema catalán no es sólo muy grave “per se” sino porque representa la espoleta política y social que puede hacer volar por los aires todo el conjunto nacional español, de norte a sur y de este a oeste, si no se resuelve con prontitud, inteligencia, altura de miras y afán de perdurar en el tiempo. Y la solución no es, no puede ser, no puede venir por el peligroso atajo de cargarse, de lapidar, de matar políticamente a la bestia negra que parece alimentarlo, el señor Mas, presentándolo como un alocado político, un iluminado que en pleno siglo XXI al frente de unos cuantos miles de payeses ha emprendido su particular guerra de liberación contra la monarquía borbónica. Nada se conseguirá con eso y, mucho menos, con la utilización espuria de los medios a disposición del Estado de derecho para tratar de demostrar que…”los políticos independentistas de CDC son tan corruptos como los nacionalistas españoles del PP”.         


        Bueno, amigos, que me estoy extendiendo demasiado y quiero ir al grano antes de terminar. La situación política de este país es ciertamente preocupante pero aún le queda una última baza para no entrar en el irreversible rumbo de colisión fatal: La negociación rápida, exhaustiva y sincera (incluso antes de las próximas elecciones generales) por parte de aquellos dirigentes políticos que todavía pueden hacerlo y, como consecuencia, y con el beneplácito de todo el pueblo español que puede y debe ser consultado cuanto antes, ir a la urgente refundación de España por medio de un proceso constituyente que abra el camino a una nueva República Federal o Confederal española. Esta es la única vía posible en estos momentos, la única que puede evitar la desintegración de España llevándola a la verdadera recuperación y al cambio político, económico y social que reivindican la mayoría de sus ciudadanos. Empecinarse en seguir como estamos, con este régimen del 78 caduco, corrupto, ineficiente, que hace aguas por todas partes y con una monarquía desprestigiada y obsoletaademás de franquista e ilegítima (sea inteligente señor Secretario General del PSOE y suelte cuanto antes lastre borbónico si quiere tener oportunidad de gobernar) es ir directamente al desastre. Y eso, amigos, algunos (muchos) ciudadanos de este país (con y sin uniforme) no estamos dispuestos a consentirlo. En primer lugar porque lo hemos jurado por nuestro honor. Y, en segundo, porque con toda seguridad y a diferencia de lo que le ocurriría al nuevo “coletas” de la política española, no nos temblarán las piernas si debemos cumplir con nuestro deber.  


                                         Fdo: Amadeo Martínez Inglés

1 comentario:

  1. Es indignante ver como territorios que se unieron en pacíficas guerras, ahora quieran desunirse con violentos referéndums.

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