sábado, 10 de octubre de 2015

En el Parlamento Europeo contra la impunidad del franquismo



Los representantes de las víctimas del franquismo que se trasladaron a Bruselas para participar en las jornadas organizadas en el Parlamento Europeo bajo el título “Con impunidad no hay democracia”. Tres días frenéticos y llenos de emoción en los que decenas de voces y testimonios contra el horror de la Dictadura resonaron en los pasillos de esta institución.


Víctimas, familiares y activistas tienen claro que van a llegar hasta el final en su lucha contra la impunidad del franquismo. Mientras observan estupefactos cómo las autoridades españolas deniegan la petición de extradición de 20 miembros del franquismo, ordenada por la juez encargada de la llamada querella argentina, María Romilda Servini de Cubría, continúan incansables en su movilización por la “verdad, justicia y reparación”.

Por este motivo, la organización de estas jornadas por parte de Podemos, IU-Izquierda Plural, EH Bildu, y (GUE/NGL), ICV y Primavera Europea (Greens/European Free Alliance) y PNV (ALDE), era la oportunidad perfecta para recordar a Europa que el tratamiento de las víctimas del franquismo es una “auténtica anomalía histórica” que debe ser resuelta con la mayor premura posible.


Tocar la fibra de Europa

Puede parecer que este tipo de actos celebrados en las instituciones europeas en los que se invita a algún colectivo para dar a conocer sus reclamaciones y reivindicaciones, sin ninguna obligación por parte de los representantes políticos de actuar en consecuencia, no sirven para nada más que para “hacerse la foto”. Sin embargo, tienen su razón de ser puesto que son cauces, aunque imperfectos, para hacer oír la voz de los ciudadanos en esas instituciones tan lejanas e inaccesibles, pero tan determinantes para nuestra vida.

Y no sólo eso, para los colectivos que acuden allí es una experiencia muy importante. Es un hálito de esperanza, un soplo de ánimo, una palmada en una agotada espalda tras tantos años de intentar hacerse oír, de pedir justicia para su causa. Decía Javier Couso, eurodiputado de IU, y hermano de José Couso, periodista asesinado en Irak, que cuando recibió a los familiares de los normalistas asesinados en México, invitados por su grupo a Bruselas, tuvo que contener las lágrimas pues recordó el momento que vivió años antes cuando él mismo fue a dicha institución para reclamar que se investigara el asesinato de su hermano.

Así pues, decenas de miembros de la Coordinadora estatal de apoyo a la Querella Argentina contra crímenes del franquismo (CEAQUA) y representantes de otras asociaciones de víctimas se subieron a un avión hacia la capital belga, con la esperanza puesta en que algún representante de la soberanía europea, enfundado en su traje y corbata, se dejara conmover mínimamente por los testimonios de los que tanto han sufrido y lo siguen haciendo.

Lo cierto es que estas jornadas contaron con un arsenal muy variado destinado a minar los fríos e inquebrantables corazones de la mayoría de los representantes europeos. El primer día, lunes 21 de septiembre, Juan Diego Botto, cuyo padre fue víctima de la dictadura argentina de Videla, interpretó el monólogo titulado El privilegio de ser perro, fragmento de la obra Un trozo invisible de este mundo, creada por él mismo. Entre el humor y el dolor, el actor pronunció algunas frases que, en el contexto de estas jornadas, se llenaron aún más de sentido. “Meter a un hijo de puta en la cárcel no te va a devolver los años rotos y los abrazos perdidos pero te puede restituir una finísima fibra del corazón. Te puede servir para escuchar una especie de susurro mundial que diga: Tenías razón, tenías razón, tú y los tuyos tenían razón”.



Al día siguiente, se pudo escuchar el discurso casi de metralleta del periodista Javier Gallego Crudo que trasladó allí su habitual programa de radio. Dedicado al cuarenta aniversario de los últimos fusilados por el franquismo, compartieron la mesa con él: uno de los últimos condenados a muerte, Manuel Blanco Chivite; Merçona Puig Antich, hermana de Salvador, ejecutado a garrote vil en 1974 por el régimen; el abogado de la acusación de la Querella Argentina, Carlos Slepoy; Paqui Maqueda, familiar de víctimas del franquismo y miembro de la plataforma andaluza de CEAQUA; y José María Galante Chato, torturado por Billy El Niño.



Chato relató su experiencia de las cuatro veces que fue detenido en la Dirección de Seguridad donde, en manos del “torturador compulsivo” conocido como Billy El Niño,llegó hasta pasar 14 días seguidos recibiendo palizas y otras vejaciones. “Te dolía hasta el aire, no podías andar, se te rompía hasta la planta de los pies”, afirmó. Y es que de los 20 imputados por la juez Servini, 12 son torturadores que nunca han tenido que responder por ello.

Por su parte, Manuel Blanco Chivite explicó cómo, tanto él como sus compañeros, supieron que iban a ser condenados a muerte el 12 de septiembre de 1975. “A pesar de lo que suele decirse, en los últimos años del franquismo, el régimen incrementó la represión, tan sólo en 1975 fueron ejecutadas 28 personas”, explicó. De todos los que fueron condenados en esos últimos meses, finalmente sólo fueron ejecutados cinco, los últimos cinco muertos a manos de la Dictadura, el 27 de septiembre de 1975. De hecho, varios ministros de entonces que firmaron dichas sentencias de muerte han sido imputados por ello en la Querella Argentina.

En cuanto a los más de 100.000 desaparecidos, una cifra sólo superada en el mundo por el régimen sanguinario de los Jemeres Rojos de Camboya, los oyentes pudieron conocer la historia de Paqui Maqueda, miembro de la plataforma andaluza de CEAQUA, cuyos familiares sufrieron la represión en su pueblo natal, Carmona. Además de desparecidos, su bisabuelo y el hijo de éste, su madre tuvo su primer hijo y se lo robaron en un hospital de Sevilla. “Esta larga lucha tiene un desgaste emocional, se va muriendo la gente, mi madre busca a su hijo y quiere enterrar a su abuelo”, afirmó. Pero no van a abandonar, porque “el ciclo del duelo hay que cerrarlo, enterrarles dignamente”, y para esto, ella y su familia apoyan la Querella Argentina, mientras en España no se investigue ni se pretenda hacer justicia.


Más allá de la humanidad, la ley obliga

Es necesario conocer el contexto de esta visita al Parlamento Europeo, la tercera ya este año de las víctimas del franquismo, para comprender la importancia que reviste. Para empezar, según explica Carlos Slepoy, abogado de la Querella, “el objetivo era lograr que las instituciones europeas se pronunciaran en contra de la impunidad de los crímenes del franquismo y que éstas requieran a las instituciones ejecutivas, legislativas y judiciales españolas que remuevan los obstáculos que impiden la reparación de las víctimas, la investigación judicial de los hechos y el juzgamiento de los responsables, así como presten colaboración con la querella argentina”.

La pregunta que ronda nuestra mente es si existe la obligación legal de que las instituciones y países europeos actúen ante ello. Lo cierto es que sí. Tanto por los compromisos adoptados por parte de éstos como miembros de la ONU y por el reconocimiento a la Corte Penal Internacional, Europa tiene que tomar medidas para hacer efectiva la justicia universal. Como explicó Manuel Ollé, profesor de Derecho Penal Internacional, en uno de los debates realizados en dichas jornadas, “los Estados tienen la obligación de perseguir los crímenes de genocidio y lesa humanidad”.



De hecho, estos compromisos internacionales son los que permiten que en la actualidad esté en marcha la Querella Argentina y que, desde este país, se pueda juzgar y condenar a los responsables de estos crímenes. A día de hoy, la juez Servini ha tomado cientos de declaraciones tanto a testigos que han viajado a Argentina como en varios viajes que ha realizado a España. Como ella explica “la causa avanza lenta” y, sobre todo, al haberse negado España a extraditar a los imputados, la juez tendrá que viajar a tomar declaración a nuestro país. “Lo que espero es que sea la propia España la que investigue estos delitos de lesa humanidad ocurridos entre 1936 y 1977”, afirmó en su visita al Parlamento Europeo.


Queda la esperanza

Que España llegue a investigar y juzgar estos crímenes es algo que muchas de las víctimas no pueden ni imaginarse. Porque saben que muchos de los responsables, de los altos cargos del régimen, mantuvieron su estatus y poder durante la Transición. Cabe citar el caso de Martín Villa, uno de los imputados en la Querella, como ejemplo de ello.

Uno de los principales obstáculos al que se enfrenta cualquier avance en España con respecto a la justicia para las víctimas del franquismo es la existencia de la ley de Amnistía de 1977 por la que se entienden prescritos estos delitos. Como señala Carlos Slepoy, “el Parlamento español debería promulgar una ley que derogue la ley de Amnistía o declare que no ampara crímenes contra la humanidad”.
Por otra parte, la Querella Argentina recibiría un importante impulso si otros países, tanto europeos como no, decidieran iniciar sus propios procesos. Como adelantó Manuel Ollé en estas jornadas, “es posible que desde México venga una buena noticia en ese sentido”. También quedan los recursos presentados al tribunal de Estrasburgo.
Por el momento, sin saber aún cómo terminará la querella, las víctimas afirman sentirse liberadas tras haber prestado declaración ante la juez Servini. En palabras de Juan Diego Botto, “te sientes liberado al contarlo”, porque esta ausencia, esta tragedia, “te conforma como ser humano” y vives con ello “siempre presente”. Y es que según afirma el actor, “estos muertos no nos van a dejar correr, tenemos que mirarlos y afrontar el pasado”  Muchas de las víctimas señalan el proceso curativo que ha supuesto poder compartir y socializar el duelo, “poder llorar a pie de fosa”. Y es que, si se hiciera justicia, señor Pablo Casado, no habría que estar todo el día siendo pesados con la fosa del abuelo.

Pablo Casado
Diso Press






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