domingo, 11 de octubre de 2015

Las ‘cloacas del Estado’ de nuevo bajo sospecha en el doble atentado de Ankara

"Resulta tan patético que el presidente Rajoy y otros mandatarios europeos se solidaricen con Tayip Erdogán"


El primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, tras consultas con el presidente Erdogán, ha acusado al Estado Islámico, al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y a dos grupos izquierdistas aliados del PKK del doble atentado de Ankara, el más sangriento que se recuerda en la historia de la República, con más de un centenar de muertos y medio millar de heridos.

En Turquía todo es posible, hasta las teorías conspiratorias más descabelladas, pero acusar de nuevo al PKK de provocar tal carnicería entre sus propias filas justo el día en que anuncia el cese de sus acciones armadas durante la actual campaña electoral es la más absurda de todas. La Marcha por la Paz estaba convocada por organizaciones afines al HDP, el Partido de la Democracia del Pueblo, considerado por el Gobierno “el brazo político del PKK”. Tenía como expreso y único objetivo exigir al Ejército y la Policía turcas que cesen su vasta campaña contra la población kurda.

Entre las organizaciones convocantes estaban la Confederación Progresista de Sindicatos (DISK), la Confederación de Sindicatos del Sector Público (KESK), la Asociación Médica de Turquía (TTB) y la Unión de Ingenieros y Arquitectos (TMMOB), todas ellas generalmente asociadas a los movimientos e iniciativas antigubernamentales puestas en marcha por el principal partido kurdo de Turquía.

Más probable es que detrás del crimen esté alguna célula de las muchas que el Estado Islámico tiene en Anatolia debido a la guerra sin cuartel que también libra el PKK contra los distintos grupos yihadistas tanto en el norte de Siria como en el de Irak. Pero, de forma intencionada, lo que a Davutoglu se le ha olvidado citar es el otro gran sospechoso: las ‘cloacas del Estado’, de donde, desde hace décadas, suelen surgir, en definitiva, los autores intelectuales de este tipo de actos para poner todo el país patas arriba, como se ha demostrado de forma repetida.

Y no lo dice solo el HDP y sus organizaciones aliadas. Es lo primero que han insinuado los líderes del Partido Republicano del Pueblo, el histórico CHP, al que, de ninguna forma, se le puede considerar cercano a las posiciones kurdas. Varios de sus dirigentes −Murat Berat Atalay, Aytun Ciray, Ahmet Haluk Coç…− se han referido a la sospechosa ineficacia de los servicios de información e inteligencia, tan eficientes en desarticular otras redes terroristas. Ciray incluso ha citado las similitudes con la masacre de Suruc, el pasado 20 de julio, en la que murieron más de 30 jóvenes izquierdistas que se dirigían a colaborar en la reconstrucción de Kobani.

Momento en el que estalla una de las bombas al paso de los seguidores del HDP en el atentado perpetrado ayer sábado en Ankara (Turquía).


Por eso, el presidente del HDP, Selahetin Demirtas, ha salido al paso a las declaraciones del primer ministro turco negando que nos encontremos ante un atentado contra la unidad de la nación, sino ante un atentado “del Estado contra nuestro pueblo”, calificando directamente al Estado turco de “banda de criminales” y de ser un “asesino en serie”.

El ‘Estado profundo’ casi siempre termina apareciendo en Turquía en este tipo de acciones. Así ocurrió en la de Suruc y en la de Diyarbabakir, en plena campaña electoral de junio, e igualmente contra seguidores kurdos del HDP. Los autores eran dos jóvenes de Adiyaman, una zona donde el Estado Islámico ha estado actuando y reclutando militantes durante meses de forma abierta, manteniendo organizaciones tapadera, como la asociación Dokumacilar, salones de té y cafés internet, incluso después de que varias familias denunciaran ante la Policía que sus hijos habían sido reclutados para luchar en Siria. De hecho, los presuntos autores de estos dos atentados,Orhan Gonder y Abdurahman Alagoz, estaban ‘fichados’ por la Policía.

Un grupo de cadáveres esparcidos por el suelo tras el atentado de Ankara. 
En ambos casos, el sistema de información e inteligencia quedó en evidencia. Lo mismo ha ocurrido finalmente con el asesinato de Hrant Dink, el periodista armenio acribillado el 19 de enero de 2007. En su día se intentó presentar al principal y único sospechoso como una persona que había actuado de forma individual. Este intelectual armenio había recibido continuas y serias amenazas de muerte. Hace unos días eran detenidos siete mandos policiales por “negligencia deliberada” en el asesinato.

Y lo mismo ha sucedido con el triple asesinato de tres destacadas militantes del PKK en París en enero de 2013. Entonces, el Gobierno turco y tras el Gobierno turco buena parte de la prensa internacional, incluida la española, apostó por la teoría de que se trataba de un ajuste de cuentas interno del PKK. Concluida la investigación, la Policía francesa deja pocas dudas en el aire. El único autor, el “lobo solitario”, en realidad había estado en contacto con los servicios de inteligencia turcos antes del crimen.

Por eso resulta tan patético que el presidente Rajoy y otros mandatarios europeos se solidaricen con Tayip Erdogán sin hacer la menor referencia a las verdaderas víctimas de estos crímenes y sin cuestionar a su estrecho aliado por la sangrienta campaña desencadenada desde hace ya tres meses para acabar con el movimiento kurdo de Turquía, en la que se están violando todas las ‘líneas rojas’ sobre el respeto a los derechos humanos y en la que, a todas luces, hay que incluir este nuevo baño de sangre.

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