lunes, 16 de noviembre de 2015

¿Se acordará hoy Felipe VI de que no hace ni seis meses que viajaba a Arabia Saudí para estrechar la mano del Rey Salman?


Tras la oleada de atentandos de París del pasado viernes por la noche se ha evidenciado, una vez más, lo fácilmente manipulables que somos. Resulta inquietante el modo en que se manejan los hilos de los medios de comunicación para conseguir aborregar algo tan personal, tan íntimo como la solidaridad. La cobertura monográfica de los atentados en la capital gala ha sabido aprovechar muy bien el miedo que nace en nuestro interior cuando los muertos son tan próximos, cuando sentimos que si los vecinos son asesinados, ¿por qué no podemos ser nosotros mismos los próximos?
Interiorizado esta miedo, lo exteriorizamos con esas muestras ‘espontáneas’ de solidaridad, con esas concentraciones silenciosas convocadas para pensar únicamente en París y nada más. Lo mismo sucede con las informaciones sobre la mayor ofensiva francesa contra Daesh en Siria, tan sólo 48 horas después de los atentados, en las que se omite el dato de cuántos civiles habrán caído en esos bombardeos.
Francia habla de guerra, como ya lo hizo EEUU tras los atentados del 11-S, pero ¿qué guerra? No hay guerra como tal, porque no hay ningún país a la que declarársela, sino a un grupo terrorista tan capilarizado que está entre nosotros, en nuestros países, en nuestros barrios. ¿Hará Francia como EEUU, que bombardea países ilegalmente vulnerando su soberanía con la excusa de esta guerra al terrorismo?
Sólo durante la Administración Obama, los drones estadounidenses han realizado370 bombardeos en Pakistán -el último el 1 de septiembre-, asesinando a más de 900 civiles, entre los que había más de 200 niños, y dejando un rastro de más de 1.700 heridos. ¿Recuerdan la cobertura informativa de estos ataques en las televisiones nacionales? ¿Cuántos minutos de silencio guardaron? ¿Cuántos perfiles de Facebook modificaron para solidarizarse con ese millar de civiles muertos?
Podríamos replicar las cifras si mirados Afganistán, Somalia o Yemen. Podríamos hablar de otras víctimas de Daesh en Siria o del reciente atentado bomba en un avión ruso en Egipto que mató a 244 personas. En todos los casos el resultado es el mismo: ningún minuto de silencio, una cobertura mediática inexistente o testimonial y una masa social aborregada que, aunque tiene muchos más medios de información que nunca a su alcance prefiere mirar a otro lado.
Diría más, una sociedad tan aborregada que acude a ciegas a las convocatorias de solidaridad de los mismos políticos que están siendo cómplices de la violación de Derechos Humanos de los refugiados sirios que llegan a Europa huyendo del mismo terrorismo que asoló París, los mismos políticos que comercian con esas vidas humanas. Una sociedad aborregada que consiente y cada vez más legitima con algunos de sus actos a esta clase política que es tan ruin y deshonesta que al tiempo que sostiene una pancarta con el lema ‘Todos Somos París’ continúa haciendo negocios con países como Arabia Saudí, uno de los brazos financieros de ISIS. ¿Se acordará hoy Felipe VI de que no hace ni seis meses que viajaba a Arabia Saudí  para estrechar la mano del Rey Salman?

Colaborador de Público (excorresponsal oficioso en Londres), periodista vocacional en fase de desintoxicación informativa y pensador irreverente en continua hora extra. Víctima multitarea en rehabilitación. Otro mundo es mejor, pero para eso, entendamos antes éste.

No hay comentarios:

Publicar un comentario