viernes, 4 de marzo de 2016

Asalto al Estado: la ‘beautiful people’ del PP

LOS GRANDES TITIRITEROS DE LA CORRUPCIÓN


El PP ha formado una nueva clase capitalista, asaltando ‘colectivamente’ lo público: un matrimonio entre partido, cajas de ahorro y empresas, principalmente con grandes sociedades del Ibex 35 y constructoras



Hoy a nadie sorprendería la tesis de Balzac de cómo “el secreto de las grandes fortunas sin causa es un crimen, olvidado porque se ha sabido perpetrar”. La sospecha sobre el origen ilícito del enriquecimiento viene después de innumerables casos de corrupción, no quedando ya nadie en España que no atribuya a la corrupción un carácter generalizado, endémico y regular, sobre todo entre políticos. No obstante, cada nuevo caso de corrupción que surge (Gürtel, Nóos, Bárcenas, Imelsa y otros muchos) sigue siendo interpretado, por medios e implicados, dando explicaciones individuales: los “personajes” y sus conductas desviadas y extravagantes (cleptomanía, mitomanía, megalomanía, y toda clase de manías), a las cuales todos estamos expuestos, cual virus acechante. Como argumento de exculpación resulta, además, beneficioso para el entorno de los corruptos, esgrimiendo los clásicos “yo no lo sabía”, “quién se lo hubiera imaginado de él”, “yo confiaba en él plenamente” tan recurrentes en los superiores de los acusados, véase el caso de Rajoy, Esperanza Aguirre, María Dolores de Cospedal o Sáenz Santamaría.

Si nos alejamos de esta manera zafia de analizar los diversos casos de corrupción recientes, todo parece indicar que existen otros elementos comunes que no son manías sino una historia común entre sus implicados: el haberse enriquecido durante el boom económico y codearse, cual capitalistas, con las grandes fortunas de España, utilizando colectivamente el amparo institucional del partido y, consiguientemente, aprovechando un conjunto de posiciones en diferentes ramas del Estado (ministerios, autonomías, diputaciones, municipios, etc…) para beneficio colectivo. Aspectos que aluden a la estrategia de los miembros de un partido en concreto, el Partido Popular, en el cual --a diferencia del Partido Socialista-- se ha utilizado el partido como forma principal para construir una nueva clase capitalista, asaltando colectivamente el Estado y sus recursos. Es la nueva beautiful people del boom económico.

Estos elementos apuntan a diferentes fines y objetivos de los respectivos proyectos del Partido Popular y del PSOE a lo largo de sus periodos de gobierno. El primero, cuya ambición desde el primer periodo de Aznar era constituirse como clase económicamente dominante, usando la administración del Estado y las cajas de ahorro como sostén económico y el partido como paraguas que les proteja y coordine colectivamente (utilizando los resortes y canales indirectos que proporciona el ser miembro de un partido político). Frente a un PSOE de Felipe González, con un proyecto de inclusión de España en la cadena de producción global, que significó un salto importante para empresas y grandes fortunas que se beneficiaron de la terciarización de la economía, la concentración del sector bancario y la privatización de empresas en sectores estratégicos.

La diversidad en estrategias y proyectos puede darnos pistas sobre las diferencias en los medios de enriquecimiento ilícito utilizados por miembros de los dos partidos mayoritarios. Por ejemplo, durante el periodo de gobierno del PSOE, particularmente en los años de bonanza económica, aparecieron casos sonados como el de Ibercorp, que ligaron el enriquecimiento de determinados miembros de la tecnocracia del gobierno (Mariano Rubio o Manuel de la Concha*) con prácticas irregulares en el mercado bursátil, o el caso Filesa, la trama de financiación irregular liderada por Navarro, Sala y Galeote, que recurría a la realización de informes ficticios a empresas. A diferencia de estos, en el caso de miembros del Partido Popular, estos han quedado directamente ligados al sector inmobiliario y de servicios, involucrando a cuadros del partido que tenían posiciones en la administración local, autonómica y nacional, como cargoselectos y miembros del núcleo directivo del partido en sus ámbitos territoriales respectivos.

Para entender la particular estrategia del Partido Popular es necesario remontarse a las dos legislaturas de gobierno de Aznar (1996-2004). En la primera legislatura se inicia un movimiento de privatización del conjunto de grandes empresas españolas, tras el cual el líder del PP recurre al BBVA –bajo el control de su delfín Francisco González, hasta entonces presidente de Argentaria-- como sostén económico para su proyecto de conducción del aparato económico. Esto suponía que debían ayudarles en proyectos complejos, como por ejemplo Terra, en cuyo desarrollo se cruza el BBVA en 2000, haciéndose con el 3% de las acciones por recomendación de Aznar; o comprando una parte importante del accionariado de la privatizada Telefónica hasta llegar al 6,5% en 2003 (siendo actualmente de un 6,89%). No obstante, a partir de la mayoría absoluta del Partido Popular en el año 2000, se da un punto de inflexión en su proyecto económico. La estrategia inicial al llegar al Gobierno consistía en posicionar a amigos en los consejos de administración de grandes empresas para mantener su control (véase González en BBVA tras la fusión del BBV con la banca pública Argentaria, Juan Villalonga en Telefónica, o Pablo Isla Álvarez de Tejera, que se mantuvo en Telefónica tras su privatización --siendo éste director general de Patrimonio en el Ministerio de Hacienda de 1996 a 2000, órgano encargado del control de las acciones de la empresa pública).

Control de las cajas

La mayoría absoluta en las elecciones de 2000 y la toma de muchas comunidades y municipios marcan el inicio de una segunda etapa, que consistía en tomar el control directo a través de las cajas de ahorros. Esto suponía canalizar los recursos de un conjunto de cajas de ahorros a determinadas empresas, bajo la dirección de miembros del partido: participando estos últimos como consejeros de las cajas y, por ende, como consejeros de las empresas participadas. Esto constituye un giro intervencionista que dará la vuelta a la antigua relación entre el partido y las grandes empresas: de depender de la voluntad y favores de estas últimas, ahora son directores, promotores y conductores de estas empresas. En este momento empiezan sus andanzas, entre otros, José Luis Olivas en Bancaja (2004-2010), Miguel Blesa en Caja Madrid (1996-2009) o José María Arribas en Caja Burgos (2003-2011), todos ellos cargos electos por el Partido Popular.

Desde este momento, se inicia un matrimonio entre partido, cajas de ahorro y empresas, principalmente con grandes sociedades del Ibex35 y constructoras.

Bajo este esquema, el partido elige a los miembros de los consejos de administración de las cajas, los cuales son miembros de las empresas participadas por estas cajas, arrancando así una cadena de dependencia de la empresa hacia el partido. Inicia entonces a caminar una nueva clase económica, una élite política surgida de la burbuja inmobiliaria, cuya diferencia principal con la clase bonita de Solchaga, la beautiful people de los años 80 y 90, es el carácter patrimonialista de la segunda: mientras en la primera eran tecnócratas que se enriquecían con participaciones en el pujante mercado de valores o como miembros de los consejos de administración, en el segundo caso sonpropietarios indirectos de grandes empresas. Es decir, sondueños de grandes empresas, gracias al marco jurídico de las cajas de ahorros, que imposibilita la existencia de accionistas que participen en el accionariado de éstas y permite su control por parte de partidos políticos.

¿Esto qué significa en la práctica? Por ejemplo, que actualmente, en el supuesto de que un líder del PSOE necesite de la ayuda de una gran empresa española, éste tenga que recurrir a viejos favores personales entre cuadros del partido y exmiembros del Estado que se colocaron en la gran empresa (por ejemplo, entre Solchaga y numerosos consejeros del Ibex). En cambio, en el caso del PP, el proceso es diferente: el marco de la conexión entre una empresa y el político de turno no es individual, sino grupal, es decir, no son favores personales lo que unen a miembros del partido y empresarios, sino una relación de dependencia, pues ambos forman un mismo grupo económicamente dependiente.

José Luis Olivas, Francisco Camps, Ricardo Costa, o Carlos Fabra por la Comunidad Valenciana; Francisco Granados o Jesús Sepúlveda por Madrid; Jaime Matas por Baleares; Miguel Blesa, Rodrigo Rato y Luis Bárcenas por el PP nacional y una infinitud de cargos del Partido Popular no son, por tanto, sujetos independientes que mantuvieron una relación de concupiscencia con el poder económico. Eran miembros de una clase organizada que, con el ánimo de enriquecerse y constituirse en la nueva jet set, asaltó el Estado en el momento del salto de España a la economía global.

La cárcel para muchos de ellos opacará la otra parte de la misma moneda: las grandes empresas y sus respectivos propietarios, beneficiados por recursos del Estado y de las cajas de ahorro. Pues, gracias a miembros del Partido Popular y su papel director en las cajas de ahorros y la administración pública, muchas de las empresas de construcción hoy sobreviven: Sacyr, propiedad de Demetrio Carceller, Juan Abelló, Manuel Manrique y Luis Del Rivero, la cual tuvo un 12,3% en manos de Novacaixagalicia, Unicaja, Caja Murcia y Caja Ávila; ACS, de Florentino Pérez y la familia March, cuyo mayor acreedor, Caja Madrid, le facilitó créditos sucesivos, de 5.000 millones en 2006 para la toma de control de Iberdrola, de 1.500 millones en 2009 para refinanciar su deuda, y de 2.058 millones en 2012; o FCC, cuyo principal propietario, Esther Koplowitz, ha llegado a un acuerdo con Bankia y BBVA, principales acreedores, para comenzar a pagar el crédito pendiente de cerca de 1.000 millones a partir de 2020.

La historia de la nueva beautiful people está plagada de pelotazos urbanísticos y asientos en grandes empresas del Ibex35. Capital y poder en forma de propiedades inmobiliarias, créditos y ayudas, que, tras la intervención de las cajas de ahorro, quedan hoy en manos del Estado --del FROB y SAREB, propietarios de sus activos financieros e inmobiliarios--, se ha permitido salvar de la hecatombe a parte de la nueva beautiful people y a viejas familias capitalistas (véase los Koplowitz, la familia March, los Carceller, los Daurella y otros). Todo ello nos deja ante la segunda parte del asalto al Estado, pues habrá que ver qué se hace con los ingentes recursos que quedan en manos del Estado y que son, por una cuestión de herencia, propiedad del grupo económico del Partido Popular. De ahí la animadversión, de muchos empresarios y miembros del PP, a dejar en manos de personas ajenas, véase Podemos, lo que fue siempre considerado de su propiedad.



RUBÉN JUSTE DE ANCOS
Licenciado en Sociología. Ha realizado su tesis doctoral sobre puertas giratorias en el Ibex 35. Forzado a emigrar en 2010, primero a Australia, después a Paraguay y Ecuador, ha publicado diversos artículos sobre el ciclo político progresista en América Latina. La última colaboración, sobre cleptocracia y transnacionales en Paraguay, en el libro Descartes(Punto de encuentro, 2015).

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