martes, 22 de marzo de 2016

Cómo marca goles el fascismo a través de los medios de comunicación deportivos


Surgen los fantasmas en la mayor crisis humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial. Mientras el mundo viejo no termina de morir y el nuevo tarda en aparecer, el fascismo se propaga por Europa. Las humillaciones a mendigos se han extendido a lo largo y ancho del viejo continente en la semana de Champions y Europa League. Los episodios se han ido repitiendo por grandes capitales europeas. Han quemado billetes en la cara de mendigas en Madrid, se han meado encima de ellas en Praga y les han tirado monedas como si fuera maíz para palomas en Barcelona. El fiel reflejo de la Europa más ruin e insolidaria.
El deporte en general y el fútbol en particular son los mejores entrenamientos que tenemos para conocer a los pueblos. Nada espejea mejor a nuestras sociedades. La idea de la Europa fraternal está muriendo y se observa en penosos comportamientos y actitudes en los partidos de fútbol que congregan a miles de personas. El fascismo está metiendo goles por toda Europa. Las malditas élites siempre acaban refugiándose en él para engañar a los pueblos, para defender sus privilegios, para demonizar a las clases populares de otros lugares para acabar dividiéndolas. El deporte es lo primero que empieza a utilizar el fascismo como propaganda y los medios corporativos españoles le están haciendo el trabajo sucio.
Los medios españoles han dado asco y vergüenza con la xenofobia y el chovinismo mostrado con el tema del dopaje y Rafa Nadal, que se defiende mejor solo. Los periodistas nos dicen ama a tu país, a tu selección y a tus deportistas pero odia a Francia, convirtiendo así una lacra como el dopaje en patriotismo barato de pandereta. Nada dijeron cuando se rompieron las pruebas de las Operaciones Galgo y Puerto ni de que la USADA (Agencia Antidopaje de EEUU) demostrara que España era pionera en dopaje y que la mayoría de deportistas que se dopan acuden regularmente a nuestro país para obtener sustancias prohibidas.
Las lamentables imágenes de los aficionados del PSV en Madrid burlándose de mendigos nos trajeron a la mente la representación dantesca del periodista Manolo Lama en Deportes Cuatro hace seis años haciendo exactamente lo mismo. Una acción con la que hubo impunidad. Algunos tienen inmunidad por servir a los amos de la comunicación. El periodista deportivo ha ganado en todo este tiempo más de 10 millones de euros y su programa ha sido multado con más de 600.000 euros por publicidad encubierta.
O se echa abajo todo este entramado mediático y se destruyen estos medios corporativos para sustituirlos por otros que defiendan la comunicación como un bien público, o el deporte seguirá en manos de privilegiados, que quieren a bufones en la TV para continuar lucrándose con un sistema delictivo.
Ahora mismo se está persiguiendo a todos los aficionados al fútbol. Los precios de las entradas, el fútbol moderno, las SAD, el reparto televisivo no son de izquierdas ni de derechas, sino de estafadores y de estafados. Los dirigentes nos han robado el fútbol y lo han convertido en un mezquino negocio en el que participan como organizaciones criminales. Los dirigentes son inteligentes y hacen un gran trabajo para sus intereses. Saben cómo dividirnos a los aficionados en los medios corporativos. Por eso criminalizan a todos los hinchas.
El único camino para avanzar es unir a todos los hinchas en torno a la declaración de los derechos humanos y que los nuevos medios generen amor por la cultura del deporte y siembren un nuevo modelo democrático.
Woody Guthrie llevaba en su guitarra: máquina de matar fascistas. El fútbol puede ser el arma que mate al fascismo en Europa o el arma que utilice el fascismo para volver a matar en Europa. La izquierda tiene que dejar de ver el fútbol de manera clasista como un lugar para bárbaros. Debemos de ver el deporte con los ojos de Mandela. Él supo matar el fascismo a través del deporte
Fonsi Loaiza, @fonsiloaiza en twitter. Es periodista y doctorando de cultura y medios de comunicación en la Universitat Autònoma de Barcelona

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