viernes, 18 de marzo de 2016

Ellos nos son jefes de la ciudadanía, sino meros empleados del pueblo


Pedro Morenés, el ministro de Defensa Ataque en funciones, el de los fuertes lazos con la industria armamentística, le ha escupido hoy a la Democracia a la cara y lo ha hecho, además, con el beneplácito de su formación política, el Partido Popular (PP). El ministro en funciones ha faltado a su deber como representante de todos los españoles de rendir cuentas del ejercicio de sus funciones en el Congreso.


Morenés ha plantado a la comisión parlamentaria de Defensa
y, con ello, ha sumido a todo el pueblo español en la más absoluta ignorancia en cuestiones como, por ejemplo, qué sucedió en la última reunión de la OTAN, esa alianza criminal que marca el paso a nuestras políticas de Defensa y militar.
Un día antes, la vicepresidenta en funciones, Soraya Sáenz de Santamaría, avanzaba este bombardeo a la Democracia por escrito, en una carta en la que aseguraba que un Gobierno en funciones no ha de rendir cuentas al Congreso o, lo que es lo mismo, a los españoles de los que emana la soberanía popular. ¡Qué despropósito más grande!

Los motivos que alegan los populares es que ese control a la labor de un Gobierno en funciones es un acto de “deslealtad institucional” pero, ¿acaso puede haber mayor deslealtad que privar a la ciudadanía de conocer qué está haciendo este Gobierno desde hace 88 días que acudimos a la urnas? ¿Por qué ese afán en continuar con la opacidad de la que han hecho gala durante los últimos 4 años?


Hoy, ha sido lamentable constatar que la Democracia para los populares no es un fin ni un marco de convivencia, sino una mera herramienta para sus objetivos de la que se puede prescindir a la mínima de cambio. Realmente ha sido indignante que, ante el gesto serio de todos los miembros de la oposición lanzando preguntas a una silla vacía, el portavoz de Defensa del Grupo Popular, Ricardo Tarno, se riera justificando lo injustificable y, de paso, retratándose como el indigno de su cargo que es.
Tarno ha sido el encargado de sostener que “no hay actividad política en el Gobierno, no hay agenda política y, por tanto, no puede ni debe haber control político”, al tiempo que aseguraba que la única meta de este control político era “el desgaste del Gobierno”. Aunque así fuera, aunque llevemos semanas en clave de precampaña electoral, su deber continúa siendo rendir cuentas de sus funciones, limitadas o no, ante todos los españoles y la única manera que esta Constitución intocable permite es, precisamente, ahí, en el Congreso.


Así las cosas, Sáenz de Santamaría, primero, y Morenés y Tarno, después, han vuelto a evidenciar que su sentido de la responsabilidad con la ciudadanía es nulo, que continúan sin querer entender que ellos nos son jefes de la ciudadanía, sino meros empleados del pueblo a los que se ha confiado una gestión y que, siguiendo su propio esquema de meritocracia, deberían haber sido fulminados de sus cargos hace mucho tiempo. Si no lo han sido, quizás, es que porque el fin último para el que se les colocó ahí sí se ha cumplido, aunque nada tenga que ver con el interés general de los españoles y las españolas.



Colaborador de Público (excorresponsal oficioso en Londres), periodista vocacional en fase de desintoxicación informativa y pensador irreverente en continua hora extra. Víctima multitarea en rehabilitación. Otro mundo es mejor, pero para eso, entendamos antes é

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