miércoles, 11 de mayo de 2016

Todo lo que no deberíamos saber de Camilo José Cela

Nuestro último Nobel fue polémico y deslenguado hasta el final, y el conjunto de sus escándalos acabó perjudicando la valoración de su extraordinaria obra. Hoy se cumplen 100 años de su nacimiento





Me llamó la atención hace meses encontrarme en una librería con una edición de 'Mazurca para dos muertos' a cargo de la pequeña editorial Ediciones del Viento. 'Mazurca para dos muertos' es una de las mejores novelas de Camilo José Cela, y recibió además el premio Nacional. Que todo un premio Nobel viera una de sus obras más celebradas reeditada fuera del circuito de los grandes sellos me tuvo un rato caviloso, sopesando la fugacidad de la gloria.

'Mazurca para dos muertos'.
'Mazurca para dos muertos'.
Casualmente, me encontraba en esa librería para asistir a una presentación literaria, y había cruzado unas palabras con un importante distribuidor, así que aproveché para compartir con él mi pasmo. ¿Qué hace Cela en la muy respetable, pero también muy pequeña, Ediciones del Viento? El distribuidor me dijo algo como esto: “Cela no vende nada. Umbral tampoco. Puedes reeditar lo que te dé la gana de Cela, por cuatro duros”.
Pues qué pena, pensé. 'Mazurca para dos muertos' había aparecido en Seix Barral (toda la obra de Cela estaba disponible, cuando él vivía, en uno u otro sello del Grupo Planeta; sus últimas obras aparecieron en Espasa) y yo la había leído extasiado. Ni siquiera la evidente imitación que en sus primeras líneas hace del final de 'Los muertos', de James Joyce (según se encargó de denunciar Javier Marías), afeaba una propuesta de personaje colectivo tan hipnótica como entretenida.

El distribuidor me dijo algo como esto: "Cela no vende nada. Umbral tampoco. Puedes reeditar lo que te dé la gana de Cela, por cuatro duros"
¿Qué le ha pasado a Cela para que “cualquiera” -según este distribuidor- pueda hacerse con los derechos de su obra? Repasamos en andana -Cela apreciaría este vocabulario- los lances más divertidos, y también los más miserables, del gran autor en su centenario.
El joven Camilo José Cela.

Lo de delator

Ya sabemos que cualquier persona con 21 años de edad, en medio de una guerra civil, es capaz de tomar siempre las decisiones correctas. Pues Cela no. En 1938, envió una carta al comisario general de investigación y vigilancia ofreciéndose para “prestar datos sobre personas y conductas” no afines al llamado Movimiento Nacional. La carta fue difundida muchos años después y constituye sin lugar a dudas el episodio más oscuro de la vida de don Camilo. Pintadas en su estatua de la Universidad Complutense (“DELATOR”), artículos recordando el ofrecimiento, novelas versionando su misiva ('El vano ayer', de Isaac Rosa)... Aunque algunos, entre ellos Juan Cruz, exculpan en los pocos años del escritor este cobarde patinazo, el nombre de Camilo José Cela quedó ensombrecido para siempre.

Lo de Baroja

Contaba Cela que acudió con el manuscrito de 'La familia de Pascual Duarte' a casa de Pío Baroja con la intención de que le escribiera un prólogo. Al parecer, Pío Baroja -que también protagonizaba coqueteos con la cobardía (ver 'Baroja o el miedo', de Eduardo Gil Bera)- se negó a ello alegando el siguiente motivo: “No quiero ir a la cárcel”.

Lo de 'La catira'

Cela, que se preció luego de no haber recibido nunca “ni una ayuda ni una beca”, se avino en los años cincuenta a escribir una novela por encargo del Gobierno de Venezuela, a la sazón una dictadura. Cobró medio millón de pesetas. Según Umbral, el encargo se lo hicieron primero a Hemingway, que iba a cobrar más del doble. 'La catira' (1955) es sin lugar a dudas uno de los puntos más bajos de la carrera de nuestro autor, una novela escrita con un léxico que ni reconocían los propios venezolanos ni resultaba atractivo para los lectores de otras latitudes. Una minuciosa investigación de este disparate creativo la encontramos en 'Historia de un encargo' (Anagrama), de Gustavo Guerrero.  

Lo de Alfaguara

No todo van a ser vergüenzas. Seguramente muchos lectores y hasta escritores jóvenes ignoran que la editorial Alfaguara fue fundada por el propio Camilo José Cela en 1964. Basta apreciar el buen gusto en el 'naming' para reconocer en Cela a un minucioso y amantísimo conocedor del idioma español.

Lo de la palangana

En 1988, Javier Gurruchaga invitó a Camilo José Cela a su programa de televisión 'Viaje con nosotros'. El espacio fue utilizado por Cela para deponer su astracanada más popular: que podía absorber un litro de agua por el culo. Un año después, le concedieron el premio Nobel de Literatura.

Lo de la piscina

Simplemente, tenéis que ver este vídeo:

Lo de Marina y lo de Mariñas

En 1991, Camilo José Cela se casó con la periodista Marina Castaño. La joven gallega iba a modelar a conciencia al Cela glamuroso, decadente y ridículo de los últimos años, un hombre que, si alguna vez vivió para la gloria literaria, ahora iba a vivir exclusivamente para el dinero (hicieron una fiesta en su casa de Puerta de Hierro cuando su cuenta corriente aumentó en una cifra). La cosa empezó tan mal como indica este lance: en agosto de ese año, Cela propinó un puñetazo en Marbella al periodista del corazón Jesús Mariñas, supuestamente por algo que había escrito sobre la pareja en la revista 'Época'.
Cela le arrea a Mariñas.

Lo de los 150 novelistas

“Doncel tontuelo”: así llamó Cela a Antonio Muñoz Molina, al que consideraba miembro destacado de los “150 novelistas de Carmen Romero”, literatos cercanos al felipismo por los que sentía poco aprecio: “Me parecen novelistas de catequesis, muy disciplinaditos, muy obedientes, con la mano siempre extendida para ver si el Estado les da unas perras”. Luego no puede extrañar que Muñoz Molina, Llamazares o Marías tuvieran poco bueno que decir de él.

Lo de los gays

En 1998, le preguntaron a Camilo José Cela si tenía algo contra los homosexuales. Su respuesta dejó tiritando al periodismo nacional: “No estoy ni a favor ni en contra. Me limito a no tomar por el culo”.

Lo de las mujeres

“Mis animales preferidos son el perro, la mujer y el caballo, por este orden”, dijo una vez.

Lo del plagio

María del Carmen Formoso interpuso una querella por plagio contra Camilo José Cela cuatro años después de que este ganara el premio Planeta con 'La Cruz de San Andrés' (1994). La autora había concurrido al galardón y entendía que la novela ganadora era la suya, pero revisada por la pluma de Cela. Francisco Umbral casi daba por bueno el plagio, cuando dijo: "la concursante debe estar agradecida, porque el Nobel la ha mejorado".

Lo de CJC

Comer, joder y caminar: así reinterpretó Camilo José Cela sus iniciales. Comió demasiado, jodió mal y caminó por las sendas equivocadas. Ahora ya no tiene ninguna gracia.

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