domingo, 11 de septiembre de 2016

Islamofobia

“Los hombres nunca hacen el mal tan a conciencia y alegremente como cuando lo hacen por convicción religiosa”. Pascal.



Ante la arremetida Occidental pro alineada a los intereses norteamericanos – OTAN, hay que recordar, una vez más, que hay un objetivo claro: dividir profundamente a los estados árabes, basándose en una falsa premisa de lucha entre shiitas y sunnitas, esa acción es instrumentalizada especialmente contra aquellos estados árabes que han optado por el sendero del laicismo, sin que por ello hayan dejado de ser sociedades creyentes, simplemente han buscado con afán el desarrollo que sus pueblos carecían; por tanto, es condenable la posición de ciertos sectores islámicos (wahabíes principlamente) de condenar el progreso, que no es solamente un símbolo sino un derecho natural.

La arraigada fe del musulmán no tiene por que estar en contradicción con el adelanto científico, la educación, la cultura y la convivencia pacífica. El Líbano y Siria fueron ejemplos, antes de que Occidente les declare la guerra por medio de intermediarios, del cotidiano convivir multi confesional pacífico. Le gente puede llevarse bien, sin importarle su credo religioso y eso, lamentablemente, no gusta a los radicales musulmanes que, en una no muy clara posición política, aceptan concientemente ser manipulados por entornos sociales, culturales, económicos y políticos ajenos a la tergiversada creencia de profesan.

Inclusive, la tradición religiosa del wahabismo, que encasilla a todo el Islam como ”perverso”, no debería ser obstáculo para algo que es evidente, las monarquías árabes del Golfo Pérsico pueden desarrollarse y hasta “evolucionar” junto a Occidente, basados en la cooperación económica derivada de su riqueza petrolera. Sin embargo, una fuerte presencia de fanatismo e intolerancia en sus decisiones políticas cotidianas aflora exclusivamente para su población, no para el liderazgo, imponiendo de forma absolutista (solo para el pueblo llano) una arcaica tradición no compatible con los tiempos, que contradice (tergiversa) la interpretación auténtica y no literal del Islam que enseñan los verdaderos doctos de la ley coránica. El Islam, al igual que la Biblia cristiana, está basado en metáforas para que la gente pueda interpretar su mensaje.

El fanatismo es retrogrado. Mientras otras sociedades progresistas árabes optan por el avance científico, acorde a los tiempos, manteniendo el respeto a la identidad cultural y tradicional de la nación, es algo moralmente aceptado. La República Islámica de Irán es el ejemplo de esa combinación, extraña para los occidentales, de modernismo, desarrollo tecnológico y tradicionalismo en la Ley Islámica.


Una simple manera de diferenciar entre el shiísmo o chiísmo y el sunnísmo (por ser las más grandes corrientes islámicas), en el ámbito político, es la siguiente:

El sunnísmo político siempre ha pretendido tener protagonismo mundial, se ha caracterizado por su ímpetu expansionista, el ejemplo más claro fue el Imperio Turco Otomano hasta finalizada la primera guerra mundial. No lo es solamente en el sentido de conquista territorial, pretende ampliarse, difundir su corriente no solo en todo el Medio Oriente sino en el mundo. Pero, su mensaje se ha ido tergiversado por la aparición del wahabismo y sus grupos takfires y por la corriente salafista, que imponen una práctica rigurosa y literal del Islam a todos los musulmanes, si es necesario, inclusive, mediante la práctica de la yihad, es decir, la guerra contra los musulmanes que no aceptan sus dogmas.

Para ello, tratan siempre de tener en la ignorancia a sus pueblos, la clase dirigente se ha alineado con Occidente y éste le brinda la garantía de mantener su estatus regional y poder personal a sus líderes a cambio del servilismo disimulado. De esta extraña alianza entre el sunnismo político y las potencias coloniales occidentales surgió la “Hermandad Musulmana”, perversa en sus entrañas, el motor de la profundización de la enemistad de las sociedades islámicas.

Pero los sunníes, la gran mayoría de los musulmanes practicantes, no son como su clase dirigencial, no. El musulmán sunní también opta por el respeto y la convivencia pacífica, son personas normales de carne y hueso como cualquier ser humano. Son las corrientes enunciadas, formadas como plataformas ideológicas en el transcurso del tiempo, las que han tergiversado la fe y “satanizado” al Islam.

El shiísmo o chiísmo (político), al contrario, no es expansionista, ni siquiera para divulgar su mensaje, no pretende extender sus fronteras (religiosas y territoriales), pero tampoco está dispuesto a ser avasallado. Es lo que denominaríamos, en política, una poderosa fuerza nacionalista, aferrada a su tradición y tierra. Al ser la minoría de los musulmanes practicantes busca mantener la armonía confesional. De hecho, a lo largo de la historia, contrario a lo que pasa con la corriente sunní, el shiísmo, que también tiene sus derivaciones (drusos, alulíes, hutíes, etc.) rara vez se han confrontado entre sí, la explicación ya se ha dicho, no profesan la ideología de la guerra como instrumento de imposición y conquista. Pero, férreamente combaten al ser atacados, eso es natural, es el sentido de supervivencia, intrínseco en el ser humano. El antagonismo provocado por las ideologías sunníes matizadas de fanatismo e intolerancia religiosa obliga, imperiosamente, a los shiíes asumir su defensa.

La rivalidad entre las grandes escuelas del Islam, nacida desde la muerte del Profeta, hoy es explotada por intereses de tipo económico y geoestratégico. El Medio Oriente y los musulmanes siguen siendo vistos por los poderosos de Occidente como su colonia inagotable de fuentes energéticas.

Divide y reinarás, la divisa maquiavélica que perdura por los tiempos, mantener al mundo árabe en constante guerra es vital para las potencias europeas, Estados Unidos e Israel, quienes se enriquecen por la industria bélica y mantienen el control hegemónico del petróleo.

Debemos condenar la corriente tergiversada del wahabísmo y su brazo takfir y del salafismo, derivaciones horrorosas del sunnismo. Estas ideologías están siendo combatidas por los mismos sunnitas. La supuesta guerra entre sunníes y chiíes, a pesar de la violencia actual, tiene un responsable: El muy “civilizado” y cristiano Occidente (cuando hablamos de Occidente nos referimos a los Estados Unidos, Reino Unido, Francia y otros que respaldan plenamente su política).

Ahora, la cuestión es reflexionar en algo que la civilización occidental pretende silenciar. Acaso no ha pasado lo mismo con la historia del cristianismo?. No existe división en el cristianismo?. No se han dado guerras a lo largo de la historia por meras disputas de carácter religioso?. No han existido “cruzadas” contra cristianos ordenadas por el poder papal?. Las dos últimas guerras mundiales se han desatado entre naciones “civilizadas” que profesan el cristianismo y que enarbolan el estandarte del modernismo y progreso. Que eso es cosa del pasado dirán algunos, falso. Las guerras de hoy siguen siendo estrategias preparadas, fomentadas, financiadas y armadas por todopoderosas naciones “puritanas” de Occidente que humillan a las católicas naciones “tercermundistas” de Latinoamérica y del mundo. Lo que pasa en el mundo cristiano y en el mundo islámico es lo mismo. La religión es solo un pretexto para disimular la verdad.

Pero hay objetivos finales más siniestros, aparte de destruir la identidad del arabismo, provocar conflictos sin fin es una estrategia. En las sombras se maneja el plan siniestro de eliminación de las “bocas inútiles”. No hablamos de controlar la natalidad, hablamos de un programa drástico y radical de despoblación mundial, “somos demasiados en la tierra y los recursos se agotan” proclaman devotos “cristianos” en Norteamérica. Esa es la meta trazada desde mucho tiempo atrás, es la consigna de los “Intocables” que controlan los hilos de la política mundial, de los amos del mundo. La guerra, la hambruna provocada, las pestes y enfermedades incontrolables son el camino elegido.

David Rockefeller y Henry Kissinger, en alguna ocasión llamaron “estómagos inservibles” a la planeada muerte de tres mil millones de seres humanos (3.000.000.000) por el camino de la guerra y otras pandemias. Ese objetivo debería establecerse máximo hasta el año 2050. Esta información ya fue denunciada hace mucho tiempo por el destacado investigador John Coleman en su libro el “Club de los 300” (Conspirators’ Hierarchy: The Story of the Committee of 300), según Coleman el documento original fue titulado “Global 2000 Report” y aparentemente aprobado por el Gobierno de los Estados Unidos en la Presidencia de Carter (en otro momento dejaré un extracto detallado del libro del señor Coleman). Entre las víctimas a ser eliminadas, ya pueden suponerse que la lista la encabeza los “belicosos árabes”, el África negra y otras “razas inferiores” (nazismo es su más pura esencia), el informe va más lejos, destaca que la población estadounidense deberá establecerse en alrededor de cien millones de habitantes hasta el 2050 (naturalmente que el anglosajón no debería sentirse aludido).

Es probable que esta información no sea más que una de las “teorías de la conspiración” que denuncian los gobiernos de turno de los Estados Unidos; mas, sobre los hechos, lastimosa e inquietantemente, se van cumpliendo. Estamos en 2015, “guerras sin fin” presagió George W. Bush, “guerra de civilizaciones” declaman las élites del poder, “cruzada contra el terror”, crisis energéticas, crecimiento industrial cero (no habéis fijado que la desindustrialización es patente en Norteamérica, no solo por cuestiones de mano de obra, mientras el predominio de la industria bélica está en auge. Los Estados Unidos se está transformando y alimentando de la gigantesca industria armamentista, para qué?).

Eduardo Galeano señalaba sabiamente: “Las guerras siempre invocan nobles motivos; matan en nombre de la paz, en nombre de Dios, en nombre de la civilización, en nombre del progreso, en nombre de la democracia. Y si por las dudas tanta mentira no alcanzara, ahí están los grandes medios de comunicación dispuestos a inventar enemigos imaginarios para justificar la conversión del mundo en un gran manicomio y un inmenso matadero”.

Así que dejemos de satanizar el Islam, rechacemos eso que suena tan feo: “Islamofobia”. Existen peores enemigos para la civilización que los ignorantes e intransigentes yihadistas del Medio Oriente, son otros quienes alientan a esos radicales y los manipulan a su antojo, creando conflictos cuando lo necesitan. El yihadismo no es más que la infantería de fanáticos fundamentalistas del Occidente rico, entre los que se destacan el símil de la “Hermandad Musulmana”, su equivalente en Norteamérica es la “Fellowship Foundation”, deberíamos temer más a estos lobos con piel de cordero, auténticos extremistas del fundamentalismo cristiano con su exégesis particular de la historia de la humanidad.

La “guerra de civilizaciones” es un embuste, la única realidad es que la Fe está al servicio del Poder.


 En estos días buses en Filadelfia (Pensilvania) hacen propaganda anti islámica, promocionando fotos de Hitler en una reunión con el Gran Mufti de Jerusalem Al-Husseini en 1941


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