lunes, 21 de noviembre de 2016

Mabel Lozano: "España es el tercer país del mundo que más consume sexo de pago"

“Detrás del discurso progre de legalizar la prostitución hay ceguera y un buen lobby de proxenetas”

Mabel Lozano lleva más de diez años grabando la cruda realidad de los derechos humanos pisoteados con alevosía. Sus documentales buscan transformar el mundo. Pateó la tibieza contra la trata con Chicas Nuevas 24 horas, y con Tribus de la Inquisición proyecta ahora la versión real de cómo arde la injusticia en muchos países tiranos

Luces, cámaras, stop. Mabel Lozano filma gritos para remover conciencias. Detrás del the end de sus documentales, una voz en off sentencia: "¡Sal, mira, y comprométete!”. Pudiendo vivir del cuento, prefirió ser ciudadana del mundo y complicarse la vida en la selva de la barbarie humana. Porque cree en las personas. Si no, seguirá pasando-palabra. Una monja adoratriz le abrió los ojos al infierno de la trata, y desde entonces es la voz, la imagen, y la tuneladora humana contra la salvaje realidad de la mujer pisada hasta el infinito. Vehemente. Segura. Valiente. Harta de los discursitos oficiales, reclama una ley integral contra este abuso inhumano, consentido por más personas de las que parece. Incluso por esos que se llevan las manos a la cabeza, y unas páginas más allá, publican: “Ioana. Rumana. Complaciente”…


Tarde de otoño en la sede de la junta municipal de un distrito señero del Ayuntamiento de Madrid. Primeros síntomas de noche. Ante una veintena de mujeres y hombres mayoritariamente maduros, Mabel Lozano proyecta Chicas nuevas 24 horas, el torpedo cinematográfico contra la trata de mujeres que estuvo a esto de ganar un Goya, y que se ha llevado ya más conciencias despiertas que mucho metraje de ficción premiado por los académicos.



Mabel aglutina al respetable y les pone en contexto. Esto no es Walt Disney. Esto es horror en pantalla grande. Sin morbo, sin amarillismo, pero horror. Y muy cerca de sus propios domicilios.

La directora emergente del cine social español está comprometida como la primera activista de todas sus causas. Y va ella, firme, de aquí para allá, entre institutos, universidades, y reuniones de personas con ojos y oídos, para contar, proyectar y remover los pilares de los mundos tranquilos, ajenos y casi ciegos.

Esta tarde toca sacar el bisturí en la junta municipal. Mientras los vecinos descubren la puta vida de Yandy, Sofía, Ana Ramona y Estela, en un entresuelo de edificio público, entre los extintores y el tablón de anuncios, hablamos con Mabel de un mar defectuoso de realidades humanas. Hay olas escabrosas ahogadas con un tsunami de humanidad. Si esto fuera una conversación trivial y morbosa, los dos nos habríamos quedado en nuestras respectivas casas. Está claro.

Plano cortísimo de Mabel Lozano. Plano hiperrealista. Altavoz en on. Grabando con paños de seda.

San Fermín. Fiestas locales. La calle. El autobús. El Metro. Las discotecas… ¿La violencia sexual es una pandemia?


Sí. Sin duda. La violencia sexual tiene su máximo exponente en la trata de mujeres, y está aquí, en nuestras calles.

Según el Ministerio del Interior, en España se denuncian tres violaciones al día. Una de cada 20 mujeres europeas ha sido violada en algún momento desde los 15 años… ¿Qué hemos hecho fatal?

Hemos educado fatal a nuestros hombres. En los hogares no se habla de sexualidad y de relaciones afectivo-sexuales sanas. No estamos educando a los menores en este ámbito, porque hablar de sexualidad todavía es un tabú.

¿Por qué documentales sobre la marginación de los derechos humanos?

Porque estamos en el siglo XXI y, lamentablemente, vemos constantemente a nuestro alrededor la violación flagrante de los derechos más básicos. La trata de mujeres, por ejemplo, está en nuestras plazas, calles y clubes, y supone una violación terrible de los derechos humanos con la que convivimos y fomentamos.

Con lo fácil que es vivir de la fama en el primer mundo, y se adentra usted en la selva de la barbarie humana…


Es que en el primer mundo también nos salpican estos atropellos. No podemos vivir en una burbuja. ¿Qué hago con mis hijos? ¿Los encierro para que no se contagien de lo que pasa en la calle? Insisto: la trata de mujeres está en España, que es primer mundo, y es algo de lo que debemos ser conscientes, para mirarlo de frente, y comprometernos.

Lo digo porque la gente de su gremio, en general, no es muy de meterse en estos líos…

Cada uno que haga lo que quiera. Yo vivo en un mundo global. No soy una ciudadana toledana, madrileña, o española. Soy una ciudadana universal y lucho por hacer un mundo mucho más justo e igualitario.

Desde que se estrenó Chicas nuevas 24 horas, ¿cómo ha avanzado España contra la trata de mujeres?


No hemos avanzado nada. Justo cuando se estrenó Chicas nuevas 24 horas se acababa de firmar el segundo Plan Nacional contra la Trata. ¡Plan, no ley! Así seguimos…

Los periódicos nacionales de mayor tirada siguen teniendo hoy anuncios de contactos… Salvo La Razón, creo…


La Razón los retiró hace tiempo por un tema moral, directamente. El resto, no. El que ampara la trata, ampara un delito que vulnera todos los derechos humanos. Oigo a veces decir que la trata es un problema, que es una manera de legitimar los anuncios o el consumo de prostitución. Y no. ¡La trata es un delito! Y los que le dan cancha son cómplices de un delito.

El miércoles pasado El Mundo publicó un reportaje amplio sobre violencia sexual. Y en anuncios por palabras traía también su sección de contactos… Una contradicción curiosa…


Para ellos es un negocio. Es lo mismo que piensan los proxenetas con sus clubes... Para los periódicos, los anuncios de contactos son un negocio, sin más. Pero saben fehacientemente que detrás de estos anuncios hay trata de mujeres, exclusión social y muchos pies que pisan la dignidad de muchas mujeres.

Siempre me ha llamado la atención que, cuando los periódicos cuentan que se ha desarticulado una red de trata, no digan el nombre de los clubes. ¿Por qué? Y sin embargo, si pueden, ilustran las informaciones con mujeres desnudas, porque da mucho morbo…

¿Políticamente interesa erradicar la trata, o sólo son tres o cuatro palabras bonitas sueltas en algún discurso oficial?

Con Chicas nuevas 24 horas creo que hemos puesto el tema más de moda en la agenda política y social, pero, al final, nos encontramos con mucho discurso oficial de más de lo mismo. Necesitamos leyes contra la trata. Los periódicos siguen denunciando, a la vez que se lucran el asunto. Los clubes donde se hacen redadas siguen abiertos y explotando a otras mujeres. El consumo de prostitución en España no ha descendido… Por desgracia, hay pocas novedades positivas al respecto.

Noticias como la reciente desarticulación de una red de trata de niñas españolas en Murcia nos ha acercado mucho más esta realidad. Ahora ya somos nosotras, no mujeres inmigrantes. Ya son nuestras niñas, nuestras mujeres, y eso nos toca de cerca.

Ahora yo le pregunto, como hombre, si esto fuera al revés, si los hombres fueran las víctimas de la trata, ¿no cree que sería más escandaloso, y que los periódicos se harían mucho más eco de esto?


Es posible, pero no lo sé. Supongo que también habrá hombres que padecen la trata…

Con fines de explotación sexual, no muchos. La trata es violencia de género porque, mayoritariamente, las víctimas son mujeres y niñas. En el caso de los hombres predomina la trata, pero con fines de explotación laboral. La gran cantidad de dinero que ofrece la trata de mujeres con fines sexuales es otra dimensión. Hablamos del segundo negocio ilícito que más dinero genera en el mundo…

En España, sólo un 20% de las personas afectadas denuncia haber sufrido violencia física o sexual. ¿A quién tenemos miedo en una sociedad que, al menos, de entrada, apoya siempre a estas víctimas?

La violencia contra las mujeres estigmatiza muchísimo. Somos una sociedad con muchos prejuicios y, al final, la vergüenza juega un papel más importante de lo que parece a la hora de reclamar justicia. Muchas mujeres que han sufrido violencia física o sexual padecen, además, el estigma social, e incluso familiar. Muchas, en sus casas, escuchan sistemáticamente: “Pero por qué denuncias, si es tu marido, el padre de tus hijos”… En el caso de la trata, el estigma es de una dimensión que no se puede ni explicar…

¿Cuáles son los mitos sobre la prostitución que desmontan sus investigaciones?

Muchos. El primero, que las prostitutas sean todas mujeres de vida alegre… En once años que llevo trabajando contra la trata, ¡jamás he visto alegre a una de estas mujeres! Me he encontrado numerosas desgracias, mujeres dañadas, violadas, apaleadas… Personas totalmente destruidas… No las he visto ni alegres, ni ricas. Existe un imaginario colectivo sobre esta realidad que tiene más que ver con las películas americanas que con lo que está pasando en nuestras calles.

¿Por qué España es el tercer país del mundo en consumo de sexo de pago, después de Tailandia y Puerto Rico?

Porque está muy normalizado, de toda la vida. Yo soy de un pueblo pequeñísimo de Toledo. Cuando era pequeña no había ni cabina de teléfono, pero había un puticlub… Como en mi pueblo, en muchísimos pueblos de España, y en nuestras carreteras…

Está muy normalizado que las despedidas de soltero se vivan en un club… Como existen muchos clichés del estilo “la que es puta es porque quiere”, lo vemos, en el fondo, como una cuestión más de nuestro paisaje social... Es así.

¿Hay más hipocresía detrás de la trata de la que podamos pensar?

Más que hipocresía, lo que hay es un delito gravísimo. Es importante subrayarlo, porque, si no, tendemos a no darle la importancia que tiene.

Me refiero a la hipocresía de gente que critica de frente y consiente por la espalda…

Si vemos los presupuestos de los gobiernos para combatir el tráfico de armas o el narcotráfico, y los comparamos con la inversión en la lucha contra la trata, fliparía. ¡Nada que ver! Y yo entiendo que lo más importante del mundo son los seres humanos… No hablo de este Gobierno, sino de todos los gobiernos del mundo.

El desconocimiento hace que muchos políticos digan cosas grandilocuentes, como “vamos a legalizar la prostitución, y así incluimos el negocio en el PIB”…, y mercantilizamos, cosificamos, nos lucramos y, luego, erradicamos. ¡Es un discurso muy simplista y sin ningún compromiso! En serio: parece que ese discurso está diseñado por los proxenetas…

La prioridad debe ser erradicar un delito que vulnera todos los derechos humanos. ¿Cómo protegemos a las mujeres y los hombres más débiles? Y luego, la que quiera regularizar su situación, adelante; en España eso ya es posible. Las que eligen cómo, cuándo, cuánto y con quién, que quieran regularizar su situación, ¡que lo hagan! Aquí la prostitución es alegal. Que se den de alta en el epígrafe que más les guste: como modelos, como masajistas… Muchas de ellas gritan, pero todo lo que ganan se lo meten en sus bolsillos en B… Una mujer que es libre, mayor de edad, dueña de su cuerpo… ¡que se dé de alta como autónoma! Pero, ¿y las que no tienen voz, las que son invisibles, las que están amenazadas? Proteger a estas mujeres debería ser lo primero.


En este momento va a ser muy importante el Papa Francisco. Es latinoamericano, y allí cualquiera crece con la trata. El compromiso de lucha contra la trata del Papa Francisco es muy fuerte, porque lo conoce.

¿Ha descubierto usted mucha connivencia política o empresarial con la prostitución? ¿Sería interesante poner de manifiesto nombres y apellidos de personas, instituciones o empresas que han preferido entrar al juego de la trata antes que cortarlo de raíz?

Tenemos sobre el tapete el caso de algunos futbolistas. No hace falta irse más lejos… Los futbolistas, que son grandes referentes para nuestros hijos porque, en muchas ocasiones, son sus ídolos, cuentan en la prensa cómo celebran sus cumpleaños contratando prostitutas. Y los jóvenes razonan sencillamente que, si ellos lo hacen, es porque estará bien.

Durante el pasado Mundial hemos sabido que jugadores de nuestra Selección contratan a mujeres a través de un personaje como Torbe, y no pasa nada… Es más, la tónica general ha sido: no hablemos, para que estén tranquilos y no se entorpezca el campeonato… ¡No, no! ¿Cómo estamos educando a nuestros jóvenes, si sus referentes están dando este ejemplo? Son modelos nefastos…

En estos meses ha intervenido usted en decenas de sesiones en universidades e institutos de España: ¿Qué conclusiones saca sobre la inquietud y la preparación de la media de nuestros jóvenes sobre la trata?

Que no tienen ni idea. A muchos les suena la palabra de haberla oído en algún telediario, pero ninguno conoce la realidad. Cuando voy a los institutos de secundaria, me encuentro con que a esos chavales nadie les ha hablado de sexualidad, de trata, de prostitución. ¡Nadie! Como buenos nativos digitales, todo lo que saben lo absorben de internet, y acaban mezclando y confundiendo muchas cosas. Para ellos, en cualquier caso, todo es ocio, divertimento, cha-cha-cha, y risas.

A los jóvenes españoles con los que he tenido oportunidad de coincidir, los temas de abusos de derechos humanos a nuestras mujeres y niñas les suena extracomunitario, fronterizo, como si no tuviera nada que ver con su entorno, con sus amigas, con sus familias… Y les cuento que esta chica es extranjera, pero ha sido explotada en un club de Alicante o de Valencia… Entonces se llevan las manos a la cabeza, y se preguntan por qué nadie le muestra esa realidad, si es algo tan importante. Ese es el problema.

Los jóvenes despuntan cada vez más como los clientes más habituales. ¿Hemos pasado de la libertad al desenfreno?


Hemos pasado a una sociedad que lo quiere todo ya, e inmediatamente, y, siempre, con el menor esfuerzo posible. En lugar de seducir a una mujer con el proceso que lleve, es más fácil comprar a un ser humano. Incluso a algunos eso les hace sentirse más hombres, porque pagas por una esclava que hará lo que a ti te dé la gana… Educamos una sociedad cada vez con menos valores. Seducir no es inmediato. Requiere su tiempo, ¡pero es maravilloso! ¡Forma parte de un lenguaje increíble que no podemos perder! Seducir exige muchas cosas, pero, si te vas esta noche a la Colonia Marconi, tienes la carne fresca que quieras por 5 euros.

¿El cine y la televisión española han sido contundentes, o han frivolizado con la dignidad de las mujeres?


El cine y la televisión española frivolizan con la dignidad de las mujeres todos los días. La mayoría del cine, la publicidad y la televisión que se hace en este país la hacen los hombres. Eso no significa que estén mal. Hay cosas que son maravillosas. Pero vemos un mundo muy sesgado. En muchos casos, los hombres utilizan excesivamente el cuerpo de la mujer para anunciar lo que sea. Se reproducen otra vez los roles de la época de Franco: la mujer es la que anuncia lavadoras, y el hombre, el que está detrás del coche molón… El cine, la televisión y la publicidad mantienen un lenguaje sexista. En general, en este ámbito no hemos evolucionado casi nada. Lo veremos de nuevo estos días previos a Navidad.

Las mujeres somos el 50% de la población y del talento. Eso significa que no contar con sus puntos de vista es sesgar el talento y ver el mundo sólo con un ojo. ¡Con lo que nos enriquece la pluralidad en razas, sexos y colores! ¡Que estamos en el siglo XXI!

¿Y a usted cómo le va cambiando como persona este proyecto?

Con Chicas nuevas 24 horas yo me he inmolado. ¡He trabajado tantas horas para empujarlo tanto! Cuando es un éxito, todo es muy fácil, pero este proyecto fue muy difícil de levantar. Hablar de trata no es comercial. Era un trabajo a realizar en cinco países, entre varias productoras, hablando el mismo lenguaje, sin caer en los tópicos, sin hacer pornografía del sufrimiento humano, siendo rigurosa, seria, sin revictimizar a las mujeres, a las que amo con locura, sobre todo a las cuatro mujeres que protagonizan el documental, que han demostrado mucha valentía, que han puesto su cara, que tienen miedo, que están estigmatizadas…

Mi primer documental sobre esta cuestión fue Voces contra la trata, de 2007. Nadie quiso verlo. Pensé que en esta ocasión pasaría algo parecido. Pero lo empujé tanto y con toda mi alma, que es lógico que con este trabajo tenga una vinculación muy especial. Es algo así como un síndrome de Estocolmo…

¿Y ha afectado ese trabajo a su manera de ser, a su forma de ver la vida, a la relación con su familia…?

Muchas de las cosas que han formado parte de mi trabajo en estos años me hacen daño y me contaminan. Mi vehemencia no es impostada. Nace del convencimiento de que realmente esto no puede seguir ocurriendo.

Tengo una familia estupenda, que me apoya. Mis niños han crecido con todo esto, y además lo afrontan con mucha gracia. El año pasado no gané dos finales cinematográficas muy importantes: la de los Premios Goya y la de los Premios Platino. Nosotros somos del Atleti a muerte. Mi hijo me dijo: “Mami, tú eres como el Atleti. Has palmado en las dos finales, pero juegas en Champions”. Mi marido es mi principal crítico y mi mayor fan. La estabilidad de mi familia me permite salir y volver muy apaleada, muy dolida. Pero nunca me quiero quedar a llorar en un sofá. El apaleo me revuelve y me lleva a gritar más fuerte.

Me rebelo contra las injusticias, y de ahí nace también un compromiso total ante los temas que abordo. Es importante hacer cine de ficción, pero considero necesario hacer documentales de este estilo, que nos sacan a todos de nuestro círculo de confort, te pegan una patada, y te dicen: ¡Sal, y mira! ¡Comprométete!

¿La pornografía y la prostitución de esclavas están más vinculadas de lo que parece?

Me gustaría creer que la pornografía es una profesión desempeñada por actores y actrices que eligen libremente ese trabajo, y que están dados de alta en la Seguridad Social… Pero con el caso Torbe ya se ve que, en muchas ocasiones, esto no es así…

Detrás de la prostitución, la relación con la trata es casi total. La mayoría de las mujeres prostituidas ni son de vida alegre, ni conducen ferraris, ni viven en chalets. Más bien, todo lo contrario.

¿Sirve un Ministerio de Igualdad?


Sí, siempre. No sirve, si pensamos que no es importante la igualdad. Y tampoco sirve si la Igualdad es sólo el tercer apellido de un ministerio.

¿Queda España machista?

¡Muchísima! España es un país con muchos hombres machistas, ¡y muchas mujeres machistas! Es el fruto de la educación patriarcal que hemos experimentado. El machismo sigue estando muy instaurado, a pesar de la sensibilización creciente.

Alemania y Holanda han regulado la prostitución, y no consiguen acabar con la explotación. Hay más mercado negro. Francia y Suecia penalizan a los clientes, y se ve que la cosa funciona. ¿Cuál es la solución legislativa ideal en España?

No sabría decir… Entre la liberalización y la ilegalización, yo voto por la ilegalización, porque está demostrado que la prohibición frena la trata y no se da patente de corso a los proxenetas. Además, la liberalización fomenta el mercado negro.

El lenguaje progresista habla de liberalizar la prostitución como referente de su vanguardismo social. Sin embargo…

Lo moderno y lo progre es legalizar, regularizar. Lo absolutamente opuesto, que significa que tú eres católica, apostólica, de la derechona –que en mi caso es todo lo contrario-, es abolirla... ¿Qué hay detrás de esos planteamientos? Una única cuestión: ¡Desconocimiento! ¡Punto! Detrás de ese discurso progre hay ceguera y debe existir un buen lobby de proxenetas, que son los que alimentan esos argumentos. Directamente.

Dígale las cosas claras a un lector putero.

¿Qué va a pasar cuando tu hija o tu hermana sean captadas y víctima de trata? ¿Vas a pagar por sus servicios?

¿Cuál es el feminismo de Lozano?


Yo soy una feminista desde la alegría. Ser feminista es una de las cosas que me hace más feliz. Aspiro a una sociedad en la que hombres y mujeres vayamos, de verdad, de la mano. Aspiro a que mi hija Roberta, cuando tenga la misma edad que su hermano, no tenga que elegir entre ser madre o promocionarse profesionalmente.

Hemos visto Tribus de la Inquisición. Su nuevo documental es la representación más gráfica de la Ley del Talión en el siglo XXI. ¿La justicia es una quimera en gran parte del mundo?

Sí. Lamentablemente, sí. En Europa vivimos en sociedades garantistas pero, si nos movemos de aquí, la justicia es una quimera total. Este documental habla de un pueblo de Bolivia, pero la injusticia salvaje se experimenta en medio planeta.

¿Le han presionado por decir verdades como puños?


No me dejo. No-me-de-jo-pre-sio-nar. Además, en este viaje estoy muy bien acompañada, de muchas mujeres y muchos hombres que entienden que trabajo en temas de justicia social. Yo no hablo de cosas de mujeres, sino de derechos humanos pisoteados: mutilación genital femenina, trata, linchamientos… Tengo la fortuna de estar muy bien rodeada profesionalmente, con mucha gente que cree en el proyecto y que apuestan por él.

Somos muy de pancartas y de campañas con hashtag. Pero, ¿nos importa de verdad ayudar a otras personas a salir del infierno?


Lo de los hashtag y las fotos para Twitter con un cartelito, que a mí me piden cien mil, no sé muy bien a qué conduce. A veces vemos mucha notoriedad y mucha fama, pero poco contenido y poca acción. Lo que yo veo en la calle es que somos muy solidarios de boquilla. Mis documentales buscan cambiar las cosas.

¿Le gustaría un documental al alimón con Isabel Coixet?

¡Es mi ídola! Tiene un talento muy especial, que vemos reflejado en el cine y en la publicidad que hace.

¿Almodóvar haría mucho bien con una película sobre la verdadera realidad de las putas?

Seguramente, pero no sé si sería capaz de hacerlo, de verdad, real, real, real, real. Almodóvar nos habla de un mundo maravilloso particular. Adoro su cine. Si en vez de hacer ficción hiciera un buen documental sobre la trata o la prostitución, creo que lo haría fenomenal. Almodóvar tiene mucha sensibilidad con el mundo femenino, y los personajes de mujeres los trabaja especialmente bien. Pero tendría que pasarse al documental, porque la ficción siempre incluye una mirada propia.

¿Qué guinda desea sobre el pastel de su proyecto?

Me gustaría que en España empezáramos a pensar en leyes contra la trata de mujeres, y no sólo en planes. La ley contra la violencia de género ha dado unos resultados positivos, aunque sigan matando a mujeres, desgraciadamente, todos los días. Es una norma que ha servido de referencia en toda Europa.

Me gustaría que cualquier mujer pueda pasear tranquilamente por la calle, o coger un taxi, porque sus vidas no correrán peligro siendo libres. Tenemos mucho que trabajar en defensa real de los derechos humanos.

Me gustaría que Yandy, que tiene 15 años, contara con los mismos derechos que mi hija, que es de su edad. No los tiene por haber nacido en un lugar concreto del mundo. Nada más.

¿Es posible ser documentalista de horrores y seguir creyendo en las personas?

Precisamente hago estos documentales porque creo en las personas. Si pensara que no voy a ser capaz de transformar nada, no me dedicaría a estos proyectos. Creo en el poder transformador de los seres humanos. Totalmente. Existen personas malas, pero hay más personas estupendas. Además, no se trata de ser héroes o heroínas. El reto es humanizar el mundo con las pequeñas gestas de cada día.



REBOBINANDO


Once años de trabajo. Historias. Fuentes. Antes. Durante. Y después. Reacciones. Mensajes. Palabras. Sangre. Sudor. Y lágrimas de rímel naufragando en demasiadas mejillas. Mujeres rotas.

Mabel Lozano no pega trozos de almas con tiritas. Muchas muñecas están destrozadas para siempre. Pero su cine transformador, sus intervenciones, sus gestos y esta entrevista, ponen en rojo sobre blanco algunas cosas que no podemos escribir o leer y mirar para otro lado.

1. España contiene españoles que hacen sufrir a muchas mujeres. Españolas. Y no españolas. Hombres, en la mayoría de los casos, que convierten en excrementos con pendientes a mujeres vulnerables, que lo hacen por el placer de huir, y que huyen hacia adelante cuando pagan, como si aquello fuera Matrix.

2. Urge una ley integral contra la trata de mujeres. Los planes nacionales no son suficientes. Su experiencia es que los planes sirven para tranquilizar la conciencia política pero no erradican un delito social que se extiende, con complicidad, en un país con más testosterona que con neuronas de dignidad.

3. La educación afectivo-sexual de la juventud es una asignatura calificada con muy deficiente. Y necesita mejorar, si se quiere de verdad progresar adecuadamente. La mayoría de los jóvenes españoles, el futuro, no están capacitados para entender que la prostitución no es sana, que la pornografía no es el camino, y que detrás de muchas copas de champagne hay trata de mujeres como la copa de un pino.

4. La igualdad no es una batalla conseguida. Cada mujer agredida (verbal, física, sexualmente) es un estigma sobre la humanidad entera.

5. La esclavitud sigue viva y tiene precio de chino en el siglo XXI. Después de tantos logros sociales, mirar para otro lado nos hace cómplices.

6. Los medios de comunicación son tibios y deberían ser garrote. La televisión y el cine no pueden seguir frivolizando con la dignidad de la mujer. Ellos, los adalides, también están jugando con fuego.

7. Los futbolistas y los ídolos modernos están metiendo goles como templos en la portería femenina. Y la grada corea el nombre de las estrellas.

Se puede grabar más alto, pero no tan claro. Los títulos de Lozano dan crédito. Bajan. Golpean. Y fin.
Los documentales de Mabel Lozano son extintores para apagar las llamas de los derechos humanos ardiendo. ÁLVARO GARCÍA FUENTES (@ALVAROGAFU)

Un artículo de...

Álvaro Sánchez León / @asanleo
)





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